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sábado, 25 de julio de 2020

Elí, Elí, lamá sabactani

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Mateo 27:46

En el reflejo del agua se mira la felicidad de sus ojos, llenos de amargura.
Quisiera volver el tiempo, cambiar el inicio del mundo y decir:
Dios no existe.
No se puede volver,
el final esta escrito y dios,
padre de todo, nos observa.

Dios, mira mi tristeza de hombre,
apiádate de este lacayo tuyo
y permite a mi alma conocer
la alegría, la ilusión. El amor.

La flor se abre en primavera,
mi corazón se cierra y palpita,
el mundo se traslada alrededor del sol,
el dolor y sufrimiento; a través de mi interior.

Si yo tuviera fe,
le diría al dolor: cesa.
Y sería sanado.
Yo no tengo fe,
ni mi corazón amor.
No te tengo a ti, señor,
¿Por qué me has abandonado?


miércoles, 4 de julio de 2018

Brevedad, suplico.

Pilar robusto y fuerte,
emífero soporte de mi alma,
no me sueltes que la caída es dura y cruel.
Impuro es el dolor de mi desgracia,
tibiamente camino (¡sin vos!)
Ávido estoy de tu regreso. Brevedad, suplico.

sábado, 4 de marzo de 2017

lunes, 29 de agosto de 2016

Zalihui: Velada de Rock.



Zalihui: Palabra náhuatl que significa unión.



Al despertar el sábado el sol dominaba mi cielo azul y despejado.
Lo primero que hice ese día fue desayunar, si bien, el desayuno es la comida más importante del día; en un día como éste, es todavía más importante. Y se debe desayunar como rico de la edad media, hasta el límite del cuerpo y llegar casi al vómito, comer a hartarse. Esto puede al lector parecerle exagerado, a muchos scouts les parece también exagerados, pero a los que hemos ido a este campamento de muerte y destrucción sin un mañana, personas como el chino, Amador, Ceci, Roberto y yo, sabemos que todas las calorías que una comida así pueda aportarnos, se van a quemar y muy probablemente tendrán que hacer las suyas las llamadas "fuerzas de flaqueza", así que el comer todo lo posible, más que un lujo; para el Zalihui, es una necesitad.

Así pues, después de los preparativos de rigor (menos la casa de campaña, que decidí dejar puesto que iba a la aventura, y siendo extraño que Ceci no se opusiera a tan rebuscada e imprudente opinión) emprendimos la marcha, a nuestro destino. Porque cuando uno decide ir al Zalihui, deja de ser un campamento, para convertirse en un destino.

Llegamos al parque esa tarde, una tarde como cualquier otra, soleada, como cualquier otra, con la única excepción, de que el lugar contenía scouts, y scouts, a la hora de trabajar, significa dedicación, esfuerzo y perfección, a la hora de servir, significa humildad, disposición y eficacia; así pues, a la hora de matar, significa muerte, sangre, violencia y sudor. Y esa tarde y la siguiente noche, era hora de matar.

Primer error de la tarde para todos: confirmar el registro. Hecho esto, a puño y letra, uno sellaba su propia sentencia.

Una formación general abre siempre actividades y eventos scout, sin ella no es scout, en ella se nos dijo la regla de oro: 0 groserías. Al ser scouts, Ana sabe que como jóvenes necesitamos decir cosas subidas de tono, así que hay una lista de palabras permitidas para esas ocasiones:

  • Recorcholis.
  • Repampanos.
  • Chetos.
  • Rayos.
  • Centellas.
  • Chanfle (entre otras no tan subidas de tono.)

Un scout conoce su verdadero valor y lo respeta.
Conoce el poder de su palabra y la cuida para no herir a nadie.
Por ello, palabra impura no conoce su voz.
Ni su voz palabra de maldad.





El inició, como es costumbre en este evento, una pista comando inició con las acciones, de no ser así, no lo organiza el grupo XXXI; y pues, el XXXI organizó. Así que la pista comando fue, no más pa´ calentar. Pecho lodo al inicio, porque la tierra es un lujo que se pueden dar las personas normales o los del pentatlón o militares, este pecho (para ti, mi querido lector que no puedes verme, al escribir eso me he señalado el pecho), que es scout, no conoce menos que el lodo. Seguido de la ya temida cuerda lisa, esa de las caricaturas, la que dicen imposible, algunos de nosotros con los puros brazos terminamos con esa amenaza a nuestro avance....

La pista comando, así con sus 7 pruebas (de las cuales no describí 5 para no aburrir o asustar al lector), tuvo termino, no sin antes cobrar sus lesionados de rigor, este año, sólo dos, es bueno que baje el número de éstos, al parecer ya se están aclimatando.

Los equipos se formaron y las actividades dieron así comienzo, no voy a mentir, muchas de ellas no estarán escritas aquí para reservar a los civiles de la muerte física a través de lecturas imposibles.
No obstante, escribiré una estación, de las muchas que ahí hubieron, para que se pueda apreciar, lo demandante de este rally.
El huaro, un juego scout que conlleva una cancha, dos equipos, dos palos, bastones o bordones, un circulo con mecahilo y un árbitro para hacer bulto. Cada equipo tiene un portero, el cual se va con un palo a la parte de afuera de la cancha, y permanece en un área especifica, para así atrapar el huaro (que es como se llama el circulo, que a decir verdad se puede hacer con un laso o piola de cualquier material prudente), y convertir los puntos.
Este juego es como el fútbol americano o el rugby, fuera de golpes directos, se pueden matar los unos a los otros a base de tacleadas. Con el huaro en la mano, no se pueden dar más de tres pasos, y a esto hay que sumarle la dificultad de jugar de noche, ya se jugó entre las nueve y las diez sin más iluminación que la luz de la luna tenue y creciente. Nota particular: no hubo lesionados. Nota general: Las muñecas y/o brazos pueden salir quebrados o al borde de ello. Nota del autor: No jugar sin seguro de vida o ser scout (preferentemente ambas.)

Pues a la hora de la cena se cenó (redundante o no, eso se hizo.) Unas hamburguesas muy buenas, tan buenas como nuestra hambre, tan buenas como el hambre que puede provocar un ejercicio de 6 horas ininterrumpidas.

Para relajarnos, se hizo una actividad tranquila, la cual se tuvo que repetir varias veces, seguida de roba queso y nuestro ya conocido Mongol dando clases de lenguaje en señas. Debido a unos problemas técnicos para instalar a la banda sorpresa (el Wilton rompiendo el generador y todo lo que suele hacer ese muchacho).
A las dos de aquella madrugada, fuimos a mitad del parque al toquín, el cual, sin perder tiempo, comenzó con Héroe de leyenda, sin perder ningún tiempo, siguieron con El son del dolor, y de ahí en adelante el ambiente fue en aumento. Desde el baile sin fin de La negra Tomasa hasta el triple slam en Puto. Lo que nos cuelga no dio momento alguno para el descanso, dos horas de buena música, y todos cantando puto a todo pulmón, porque a Baden Pawell no le tocó Molotov, de ser así él estaría de acuerdo.



Y siendo ya las cuatro de la mañana, con 6 horas de ejercicio, dos de concierto y un toque de diana para más poder a las 7am. una persona normal habría dormido, pero aún faltaba la fogata, cosa más que indispensable para un campamento. Que podía ir a dormir quien quisiera, eso desde después de cenar, y algunos así lo hicieron. Pero la mayoría estábamos ahí todavía, como un soldado en plena guerra; vulnerable, sin aliento casi, pero a la espera de la bomba. Y eso fue precisamente, una bomba, que tras otra hora y media de canciones y bailes junto al fuego nos mando a dormir.

Como la casa se nos fue como un lujo, sólo se había llevado (en el caso particular de mi clan) 1, la de Amador, siendo cuatro para una casa de dos, tras un acomodo muy como ortodoxo, pero necesario, dormimos lo que pudimos.

A las siete de la mañana, tal como se previno, el llamado para el ejercicio matutino se efectuó. A las siete treinta comenzó, y una hora y media más se consumió.

No mentiré, se me arrebato mi tercer invicto, el lunes fui a estudiar en modo zombie, mi espinilla derecha tiene una contusión más grande que el chamorro de la misma. A estas alturas me duele incluso el hecho de escribir. Y si me dijeran que volviera a ir aun sabiendo que perdería y me dolerian los huesos internamente de ellos mismos. Yo si volvía.

Con 10 horas más de ejercicio, un toquín de dos horas, una fogata de hora y media, un mal sueño apretado en una casa de campaña de un tamaño bastante pequeño que me dieron ganas de rayar el recorcholis de  todos y sacarlos a patadas para dormir yo solo, me di el lujo de entablar un espaldas planas con un scouter que me doblaba la edad, me llevaba quince kg, y estaba bien descansado. Y lo tuve mío en dos ocasiones, fuera del las cuales no vi la mía. Bueno y sano lo terminaba sin problema alguno, pues me ganó jadeando.



Nota: A ti, participante o staff de la velada, perdona si mi descripción de la misma a sido muy personal, pero yo sólo conozco mi perspectiva, de tener tu propio relato, puedes mandarlo y gustoso será publicado.

martes, 31 de mayo de 2016

La sangre ama a la sangre



Ella despertó agitada. No era una buena noche para soñar; pero en realidad, nunca lo era.
Había tenido una pesadilla, una de esas pesadillas que se tienen después de un trauma. A los 13 años, su padre la había violado, Ella tenía la pesadilla de aquella violación todas las noches, e incluso después de que a esa le siguieran muchas más, Ella siempre soñaba con la primera ocasión que tuvo lugar a un ataque tan brutal como aquel.
Esa noche fue algo diferente, fue un sueño que pudo sentir hasta la parte más profunda de los huesos. Despertó, pero no despertó como siempre lo hacía, esa noche fue algo especial, esa noche, podría jurar, que se pudo ver un rojo resplandor cuando la luna le iluminó los ojos, antes verdes. Y Ella sabía qué hacer. Su padre entro, como de costumbre, con las manos sobre el cinturón, Ella le pidió 5 minutos, su padre concedió, hacía ya mucho tiempo desde que Ella dejo de oponer resistencia, pues sabía que de hacerlo sería aún peor para su ya lastimado cuerpo. Ella entró al baño, se arregló, se puso lo más linda que pudo para su padre, pues sería la última vez que le daría placer, así que debía darle el mayor posible, y así fue, su padre nunca estuvo tan feliz, y nunca sintió caricias más suaves en el área púbica, ¡jamás se la habían mamado tan rico maldita sea! Ella sentía nauseas, el ver la cara de felicidad de ese bastardo, ¿cómo podía disfrutar tanto el tener a su hija sumida entre la perversión? Quería levantar el cuchillo que tomo del baño y apuñalarlo sin más. Pero no, no podía hacer eso. Esa noche sería el final de una adolescencia llena de malos infortunios: ese final sería perfecto. Sí, no debía precipitarse. Lo haría tal como lo pensó al despertar, cuando la luna resplandeció en un tono escarlata en la pupila de sus ojos, antes verdes. Debía matarlo en el sexo, ser paciente con él, darle el mayor placer, (regla general de lo directamente proporcional), darle el mayor suplicio (a mayor goce, mayor dolor), esperar el momento exacto del éxtasis de su amante, luego atacar.

Y así fue, espero el momento, cuando su padre llego al éxtasis total, de su boca dejo escapar un gemido de (para él) glorioso placer, un gemido que supero por mucho al de las otras ocasiones. Y Ella lo supo, ese era el momento. Levantó la mirada (aún con el miembro de su amante entre los labios), y su padre, pudo ver a la luz de la luna, el rostro de su hija, con las pupilas tan rojas como la sangre misma, y su rostro (el de él) dejo escapar una expresión de temor. Un (esta vez para Ella) glorioso temor tan grande, como  nunca había sentido en la vida. Ella separó sus labios de aquel repugnante pene y con la mano derecha lo empuño, levantó el cuchillo con la mano izquierda, y lo corto de un tajo. Su padre no tuvo oportunidad de reaccionar siquiera, todo había acontecido con tal velocidad, que ni siquiera fue capaz de percibir cuando su expresión pasó del temor a la agonía. Pero Ella sí. Ella lo presenció todo con una verdadera satisfacción en el alma.
Para cuando su padre recuperó el control, Ella introdujo el miembro amputado en la boca de él, con ayuda de ese mismo poder misterioso que le dio la convicción de hacer lo que hizo, y que le volvió los ojos rojos, antes verdes, al contacto con la luna; también la llenó de un gran poder desconocido.

Lo obligó a masticar, era tan emífera (brutal para él, celestial para Ella) cada lágrima en el rostro de aquel desgraciado (ya no más su padre, que alguien quemé las páginas de esta historia si vuelvo a llamarle de esa forma.) Que Ella estuvo al borde de las lágrimas (de felicidad).
           
En la pared, con la sangre de su víctima, vislumbraba la frase:

La sangre ama a la sangre; la muerte… también.


/***/


La satisfacción de tomar venganza fue grande. Y sus diabólicos ojos rojos, antes verdes, se veían más diabólicos con aquella despiadada sonrisa. La noche entera se llenó de niebla…

Al desertar, el remordimiento no pasaba desapercibido, no quería volver a hacerlo. No lo volvería hacer, trataría de borrar ese evento de su mente, y viviría con sus ojos, ahora verdes, verdes siempre. No se plantaría si quiera la posibilidad de matar de nuevo, y un día sería feliz, jamás volvería provocar el dolor ajeno.
Una noche solitaria, caminaba en soledad, solitaria la noche, solitaria Ella, solitario el viento y solitario en tiempo ¡ah, maldita soledad que la embargaba! Un  desgarrador acontecimiento tuvo lugar ante sus preciosos ojos, ahora verdes. Algo que no debió acontecer, ni ante Ella, ni ante nadie, ni con falta de testigos. Algo que simplemente no debería de pasar jamás. Pero pasó. Pasó y le recordó todo el sufrimiento que sintió alguna vez hasta lo más profundo de su alma.

En la solitaria caminata, por la solitaria calle, un solitario caballero caminaba, parecía normal, algo en su corazón –quiere suponer que fue su corazón- le hizo seguirle.
Cuando llegaron a una calle solitaria (más solitaria aun que el resto de la vida), donde sólo habitaban ellos tres, él, Ella, y la mima que él venía siguiendo, Ella no se había percatado de la mima –vaya, sí que venía distraída-, él acelera el paso, toma a la mima del cuello, Ella espera un grito. Pero no. Ni una palabra. Ni un sonido. Sus ojos coinciden un momento. Ella lo sabe, no habrá ruido alguno proveniente de ella, el silencio es la esencia de un mimo, nadie debería de traicionar su esencia. Y ella, no lo haría...
Ese contacto duró solo un instante, porque para cuando aquel sujeto la soltó del cuello, fue con una fuerza brutal, que usó para lanzarla dentro de un callejón oscuro. Jamás se dio cuenta de que Ella lo seguía. Comenzó la acción arrancando la blusa de aquella linda mima, porque era linda, los ojos de Ella, ahora verdes, tenían (por alguna extraña razón), la capacidad de verlo todo a la perfección, como si no fuese de noche, como si las leyes naturales de la visibilidad humana no aplicaran para Ella.

Era una adolescente, sus pechos no completamente desarrollados indicaban eso, su cara, oculta tras el blanco maquillaje, no indicaba más de quince años. Y su mirada, su profunda mirada, sumida en el dolor, no expresaba más que sufrimiento, pero sus labios, esos no expresaban gemido ni sonido alguno, ni una palabra, ni un ruido, el silencio era la esencia de un mimo, nadie debería traicionarla. Y ella, no lo haría…

Cuando estaba penetrando en la vagina, claramente virginal, en un momento, y de manera abrupta, inesperada para la espectadora, retiró su miembro del lugar sangrante. A ella la colocó de rodillas, con la mano izquierda la sujetaba del cabello, castaño, muy maltratado, como el resto de su cuerpo. Y se masturbo, de manera que la eyaculación cayera entre los senos de aquella inocente jovencita.

Ella se ocultó tras el muro, el violador salió corriendo del callejón, Ella entró, se arrodillo junto a la joven, que había envejecido años en cuestión de segundos, miró su cara, que oculta tras el blanco maquillaje, no indicaba menos de cuarenta años. Y su mirada, su profunda mirada, sumida en el dolor. Ella levantó la vista, se pudo ver un rojo resplandor cuando la luna le iluminó los ojos, antes verdes. Y Ella sabía qué hacer.

Volvió a mirar a la joven, ahora vieja, rodeó con sus manos aquel cráneo envejecido, se inclinó, besó aquella arrugada frente, y con un movimiento tenaz, apenas perceptible, le mató. Esa noche lloró amargamente.

/***/

Cuando la luna pasó y el sol volvió a surcar los cielos, Ella se retiró temprano de la universidad, fue a una tienda, donde compró todo lo necesario para ser un mimo. A excepción de la esencia, porque la esencia de un mimo no es algo que se pueda comprar en las tiendas. Era el silencio; y eso es algo que debes tener arraigado hasta lo más profundo del alma, era algo que no se debía traicionar. Y Ella, no lo haría…

Se vistió con su ropa nueva, una falda negra estilo rock and roll tres dedos por encima de las rodillas, una medias con rayas blancas y negras a manera horizontal que llegaban tres dedos por debajo de la falda. Una camisa (también a rayas), unos tirantes negros de la falda a los hombros, al frente y a la espalda, y un maquillaje blanco con el que cubrió su rostro, el pelo lo dejó suelto. Su cabello suelto, lucía hermoso. Y Ella lo sabía.

Salió a la calle donde se encontró a aquel sujeto la noche anterior, no tuvo necesidad de actuar, pues estaba sola en una calle solitaria. Un frío viento solitario la embargó, y tras un solitario tiempo (más solitario aun que el resto de la vida); él apareció, y a los ojos de Ella, ahora verdes, le pareció repugnante. Con una coqueta sonrisa, un movimiento del dedo índice de la mano izquierda, un ligero movimiento de cadera –del que ningún hombre sería capaz de resistir- le invitó a seguirle. Y él le siguió.
Pasaron la calles, calles que ambos sabían de memoria, y llegaron a un callejón, donde Ella entró, seguida de él, era de noche, y la oscuridad era plena, aquella muchacha había firmado su sentencia, y justo cuando fue a arrancarle la blusa de un tiro, ésta ya estaba en el suelo, mientras Ella, con sus manos, se apretaba cada uno de sus pechos, con  lo cual, lucían más perfectos y redondos. Las manos de Ella sobre sus pechos pronto fueron suplidas por las de él, para después retirarse dando paso a la lengua, que desarrollaba su trabajo, mientras las manos, ahora libres, se deshacían de la molesta falda, Ella sabía a lo que venía; no había ropa interior, y cuando la mano bajo hasta una de sus medias, Ella despegó los cuerpos, otra mirada coqueta, un  movimiento indicador de “no” con el dedo, que después introdujo la boca de él fueron suficientes, para que no volviera a tocar las medias en todo el sexo. Comenzó a penetrar en su cuerpo, mientras le pedía un gemido de placer, pero no hubo nada, Ella en sus ojos expresaba placer, pero sus labios, esos no expresaban gemido ni sonido alguno, ni una palabra, ni un ruido, el silencio era la esencia de un mimo, y eso es algo que debes tener arraigado hasta lo más profundo del alma, era algo que no se debía traicionar. Y Ella, no lo haría…
Pedirle que gimiera para él, pobre bastardo, ni siquiera sospecho lo que venía. Quería levantar el cuchillo y apuñalarlo sin más. Pero no, no podía hacer eso. Esa noche sería la venganza de una adolescencia llena de malos infortunios: algo que debía de ser perfecto. Sí, no debía precipitarse. Lo haría tal como lo pensó al presenciar, cuando la luna resplandeció en un tono escarlata en la pupila de sus ojos, antes verdes. Debía matarlo en el sexo, darle el mayor placer, el mayor placer posible, (regla general de lo directamente proporcional), darle el mayor suplicio. Alargar su dolor, esperar el momento exacto del éxtasis de su amante para atacar.
En un momento, de manera abrupta, y ya esperada para Ella, retiró su miembro del lugar amante. Ella se irguió, puesta de rodillas, para que su pene apuntara entre sus pechos, y puso ambas manos sobre el miembro antes de él que terminara de formar ideas, ahora, la mano izquierda del sujeto no jalaba, sino que acariciaba su cabello. Y a la primera jota de semen entre seno y seno lo supo, ese era el momento. Levantó la mirada (aún con el miembro de su amante entre las manos), y él, pudo ver a la luz de la luna, el rostro de su amante, con las pupilas tan rojas como la sangre misma, y su rostro (el de él) dejo escapar una expresión de temor. Un glorioso temor tan grande, como nunca había sentido en la vida. Ella separó una mano de aquel repugnante pene, que  dejo en su otra mano, levantó el cuchillo, que había oculto en una de sus medias con la mano izquierda, y lo corto de un tajo. Posteriormente le cortó la lengua, hizo círculos con ella sobre sus hermosos pechos. Después, con todo el cuidado del mundo, acostó boca arriba al sujeto, se sentó, aún desnuda, en su zona púbica, ahora castrada, e hizo una delicada –no quería que muriera. No todavía- incisión en su pecho, del lado derecho, y ahí le introdujo el pene recién cortado.

Era emífero (brutal para él, celestial para Ella) como las lágrimas en el rostro de aquel infeliz (feliz hasta hace unos minutos) brotaban para no tener fin.
Después de un momento de placer. Lo apuñalo. Él murió al instante.

La satisfacción de tomar venganza fue grande. Y sus diabólicos ojos rojos, antes verdes, se veían más diabólicos con aquella despiadada sonrisa. La noche entera se llenó de niebla…

En la pared, con la sangre de su víctima, vislumbraba la frase:

Quien no tiene voz; escribe…

…/***/…







-Alonso Gonzalez.

jueves, 21 de abril de 2016

Del Olvido.


-Olvídate de mí -dijo ella, con el profundo café de sus ojos al borde de las lágrimas.

-¿Por qué quieres que te olvide? -pregunté yo, como ha de suponerse, mi desconcierto era grande.

-Lo mejor es que me olvides, la decisión está tomada.

Dudé un momento de lo que había escuchado, sus incoherencias jamás eran tan tontas, ella siempre se reservaba una pizca de cordura en cada tontería.

-¿Quién te crees tú para decidir por los dos, por ti y por mí, y por mi olvido, el olvido es mío, tengo más derecho yo a decidir sobre él.

-Cabrón -era tan linda insultando, ella siempre se reservaba una pizca de dulzura en cada una de sus injurias-. He dicho que me olvides, es lo mejor para ambos.

Y la olvidé.

Hace unos días la vi de nuevo (quiero suponer que era ella).

-¿Acaso me has olvidado?

-Ha de perdonar usted, señorita de faz presiosa e insomnio en la mirada; la memoria de éste pobre caballero, pero de haberle conocido, así es, yo ya la he olvidado.

-Quizás yo pueda ayudarte a recordar, yo soy aquella a quien jamás conociste, aquella a la que jamás le dedicaste prosas ni palabras de amor. Aquella joven que vive en el pasado, sin ansia alguna de conocer la vida en un futuro. La joven con la que nunca estuviste en ningún lugar y ya no recuerdas.

Yo estaba ahí, escuchando cada palabra de aquella, tan hermosa joven de faz presiosa e insomnio en la mirada, y ella, sabiendo que escuchaba, seguía su tan poético discurso:

-La que se olvido de sí misma y de ti (esto no lo dijo, pero se había olvidado más de sí misma que de mí, y aquí fue cuando comprendí, que ella y yo debíamos de estar juntos). Yo soy aquella por la cual jamás has de sentir nada. Porque he de lastimarte, te romperé y te dejaré el corazón -de seguir entero- hecho pedazos. Aquella... -perdió el aliento, realmente tenía mucho guardado en el pecho o en la mente o en la boca o en la lengua o dónde sea, pero debía sacarlo, y estaba ahí, y lo haría-.

Lo lamento, he olvidado el final de su discurso. 

Terminó ella de hablar, yo comence con mí respuesta, no importaba quién era, la había encontrado, nuestras vidas se cruzaban nuevamente, y no podía dejar que se escapará de mis manos.

-Joven, a la que no obstante me gustaría conocer, aquella a la que no he, pero podría dedicarle prosas y palabras. Tal vez no quiera hacer que olvide su pasado, pero pueda mostrarle lo lindo que puede llegar a ser (no tanto el futuro) el presente. Esa joven con la nunca he estado en ningún lugar conocido, con ella, todos por conocer, a la que ya no recuerdo, pero que en mi mente puede volver a nacer. 

 Ella estaba ahí, escuchando cada palabra de este, tan funesto joven de faz morena y suelos en la mirada (suelos, porque la mirada siempre indicaba una caída), y yo, sabiendo que escuchaba, seguía el (ahora mío) tan poético discurso:

-La joven que debe recordarse a sí misma, no tanto a mí, conmigo otra historia a de venir. Aquella joven que fue marcada por el destino para que jamás apreciase ni sintiera nada, pero véame aquí, desafiando al destino (sería sencillo si lo desafiara a mi lado). Aquella con la que me sentiría honrado salir lastimado. Aquella, -dije para concluir- con la que crearé un nuevo final. 

Ella penso un momento, se quedo ahí, inmóvil, podría juarar que en sus ojos podía reflejar sus pensamientos.

-Me mueven tus palabras y me desafían las letras. 

Ya lo había decidido, la joven que tenía frente a mí, la de la faz preciosa e imsonnio en la mirada, me tenía fasinado, imaginar las palabras en su mente, conocer cada una de sus letras, convinar está vida con literatura viva. No cabía duda, ella estaba hecha para mí.

>>Por favor basta, detente. Quizá a ti no importaría salir dañado. Pero ¿qué hay de mi? Quizás está historia me terminará de destrozar. Estoy hecha añicos. No quiero arrastrarlo aún infierno al que usted (la perdía, paso de hablar de tú a decir usted, ¿qué se hace en estos casos?) no ha de pertenecer. Por que más allá de lo que piensa estoy jodida de mil maneras...





-Tener el corazón roto es una buena señal, quiere decir: qué hubo algo -Respondí, eso lo había leído alguna vez en alguna parte, no en un libro, tenía una autora (estoy seguro de que es mujer), pero no de un libro, una red social, creo.)

-No lo sé... -esa fue su respuesta.

-Qué opinas, ¿quieres ayudarme a morir un poco más? -esa fue mi pregunta. 

-Quiero que seas feliz. No me permitiré lastimarte. 

-Pero, ¿qué es la felicidad, si no es con vos? 

-Felicidad... Por favor Alfonso (ella sabía mi nombre, creo que sí, alguna vez debimos conocernos en el pasado lejano, distante y remoto.), no quiero hacerte daño. No otra vez. He dañado a demasiadas personas. Y no quiero que seas una de ellas. He pedido tregua y redención. No puedo mantener un cariño que sea estable. 

-No necesito que lo hagas, pero quiero saber que me quieres (como estoy seguro que lo haces), quiero saber que soy importante para ti (como estoy seguro que lo soy), quiero saber que por esto que sientes por mí cuando me escuchas y cuando me piensas (por que estoy seguro que me piensa) lo vas a intentar para estar conmigo. 

-No quiero. No te quiero. No siento nada cuando te escucho. Detesto lo que me hablas. Aléjate ahora, antes de que sea tarde. 

-Eres tan linda cuando estás en negación. 

-No lo intentaré. Estoy cansada. No quiero intentar, no quiero llenarme de falsas esperanzas de algo que no sucederá. Deja de decirme esas cosas. Olvidate de esto. Quita esa idea de tu mente. Yo no soy para ti. Y tú no eres para mi. Por favor. Tú eres el único que podría entenderlo... Por favor... No quiero morir... No de nuevo...

La soledad en sus ojos, yo conocía esa desdicha, esa desesperanza me la había cruzado muchas veces antes, en un artefacto de brujería, espejo, le llamaban.

-Soy el único que lo entiende, y es por eso que soy el único hecho para ti, no morirás, no de nuevo, y serás como un Fénix, yo su llanto, he de llorar en ti, sanaré tus heridas y resurgirás de las cenizas, yo seré como el corazón de la tarde cuando todo acabe, y palpitaré tan lento como un bisonte en
agonía1, pero volveré a vivir, como tú lo harás también, como yo te ayudaré a hacerlo. 

-No, no lo harás. Ya lo han intentado. Me han prometido y dicho todo lo que cualquiera podría prometer y decir.. Por eso es que no lo haré. 

-No te han dicho lo que yo, sí quieres, terminarás por intentarlo, porque no importa lo arrogante que esto suene, jamás te habías encontrado a alguien como yo. No deberías negarte a algo que añoras con toda el alma. 

-No lo voy a intentar. 

-Estamos jodidos entonces. -Y lo estabamos, porque en ese momento entendí, que ella había vuelto a elegir por los dos, aún no sabía, de dónde le venía ese derecho, pero así había sido, y ya no podía hacer nada. 

Aquí, en este preciso punto donde estoy parado, estaba parado aquel día, aquí, en último sol de la última tarde, vi alejarse la silueta de aquella bella y hermosa joven de faz preciosa e insomnio en la mirada.

1 Alusión al poema el corazón de la tarde de Sinué Félix.





miércoles, 5 de agosto de 2015

Esta cosa llamada amor

Me siento vivo,
Estoy contigo amor y me siento vivo,
Contigo puedo surcar el cielo como las aves que vuelan aun sin saber por qué.
Te quiero, te quiero, y cada que beso tus labios, me hacen flotar,
Flotar por toda la maldita eternidad que vos bendices.
Te esperé miles de años para que llegaras a volarme la cabeza,
Y lo haces con cada beso,
Me haces estallar, te quiero; aunque me mates.
Podría morir por ti miles de veces;
Si puedo vivir un segundo contigo.

Estoy ardiendo a través de los cielos.
Estoy fuera de control,
Me haces volar amor, me haces arder,
Y volar en llamas.
Mi alma se quema por ti; te quiero tanto.
Aun cuando anclas mis pies a la tierra,
cuando me haces morir sepultado en la desdicha de tu ausencia.

Estoy flotando en el éxtasis.
Soy tu maquina sexual lista para trabajar.
Si quieres pasar un buen rato solo llámame y esteré contigo.

Has roto mi corazón y ahora me dejas,
Pero no te alejes,
Pues tú no sabes lo que significa para mí el que tú te vayas.
Te quiero aquí amor, aquí conmigo,
Quiero tenerte cerca y susurrar en tu oído canciones de aves que jamás han cantado;
Y que temen volar.
Quiero lanzar piedras al mar y decirte que te quiero en mil suspiros
Quiero estar ahí cuando envejezcas,
Para decirte cuanto te sigo amando,
Te sigo amando, amor, te sigo amando…
Pero te has ido,
Me has roto el corazón, amor, y me has dejado en el  fracaso.
Me esfuerzo por salir, pero es reconfortante,
Tú no estás, y el dolor es un buen lugar para vivir cuando estás muerto;
Como yo sin ti.
¿Alguna vez tú me lloraste?
No puedo dejar de quererte, amor, no puedo dejar de quererte.

Alguien quiere hacerme llorar (ojalá me hicieras llorar, eso significaría que estás conmigo)
Pero yo no quiero morir llorando,
No quiero morir ni vivir haciendo eso.
Quiero morir contigo, contigo amor quiero morir ahora y siempre.
Morir a tu lado es una forma celestial de morir.
Morir contigo es la perfección en llamas cada que cae una tormenta,
Tú eras la fogata que me mantenía a flote durante las frías noches de invierno.
Ahora el invierno llega y no te tengo; el calor y mi alma se pierden en la inmensidad.

Cada mañana al despertar me muero un poco,
Muero un poco amor, me muero un poco,
Y cada vez que te pienso no hago más que morir sin renacer,
Sino que muero y muero por siempre,
Y me quedo tirando en suelo mental en que te pienso, sin haber barrido por un tiempo
Lo sé, amor, sé que muero porque no estás, pero cuando estabas también moría,
(Una muerte diferente, porque al estar  morir es tan lindo que lo hacía cada mañana al despertar).

Me siento morir porque me muero y muero más y más que eso.

Todos los días trabajo,
Llego a casa y trabajo duro hasta que me duelen los huesos de trabajar y morir durante el día,
Todas las noches caigo de rodillas y me pongo a rezar y le pido a Dios que me acompañe en la vida en que cada día me muero un poco más.
Él lo hace, él está ahí y me acompaña,
Pero todos quieren hacerme caer a cada día,
A cada vida
Y cada vida caigo inevitablemente.

Me da fiebre y escalofríos,
Creo que esta cosa se llama amor y me hace temblar.

jueves, 5 de febrero de 2015

Quisiera No Pensarte Más

Quisiera no pensarte más, no volver a saber que existes, ni llorar con tu recuerdo, con tu sonrisa, con tu mania de sonreir por cualquier cosa, quisiera no recordarte más, pero yo no recordarte, no saber que existes aunque existas, no quiero que dejes tu mania. Amo que la tengas, me dolería si la perdieras, y me dolería mucho, no, por supuesto que no quiero que la dejes, más bien quiero yo dejar la mía, y es que tengo la mania de recordarte a cualquier hora, a las cinco o seis, de la tarde o la mañana, eso no importa por que yo igual te recuerdo, lo que importa es que miro el reloj y son las tres y te recuerdo, y te recuerdo a ti, a ti y a tus ojos grises, y a tu amor que es mío pero no lo das, no lo das, sé que me quieres pero no lo dices, ¿qué mierda piensas que no lo dices?, yo te quiero y te lo digo, y te lo oculto a veces, en muy contadas ocasiones, pero sabes que te quiero cuando no lo digo, cuando la nostalgia me invade, y me invede tu recuerdo, cuando me invade tu recuerdo que es nostalgia, cuando me carcome desde dentro, desde las entrañas, esta maldita nostalgia que eres tú en mi memoria, esta nostalgia de recordarte. Y son las cuatro y te recuerdo, las siete y otra vez esta nostalgia. ¿Cuántas lágrimas he de llorar para irme a la chingada?, para saber que tu amor que es mío no me pertenece, para entender que estamos destinados a no ser aunque queramos, para mirar tu mano y no temblar, para poder recordarte, simplemente recordarte, sin llanto, sin sosiego, sin la más remota melancolía, para mirar tu foto y decir, pero decir sonriendo en tu recuerdo, sonriendo y sin gota alguna que asome desde el lagrimal: Qué hermosa utopía. Y sonreir más por saber que yo también soy tu utopía. Es emífero saber que así termina, en un par de proyectos imposibles.

Sé que mi destino es escribirte, te prometo que cuando al fin me vaya, lejos, muy lejos, tan lejos que tu aroma se sienta en mis fosas nasales y tus poros se abran al contacto de mi piel dormida. En una palabra, cuando por fin me vaya a la chingada, desde allá te escribiré, y te escribiré poemas tristes. Que triste es nuestra historia.
Qué triste es irme con todo el amor que tengo para ti, con todo el amor que no te doy, con todo el amor que jamás he de entregarte.

Doy gracias a Dios porque tú existes, porque me hayas roto el corazón, los poetas son poetas gracias al dolor, al sufrimiento, y yo siempre quise ser poeta, siempre quise tener inspiración, ahora, por ti mi alma duele y sufre, sólo me falta aprender a hacer belleza ese dolor, aprender a hacer metáforas con la mano de la muerte que me estruja el pecho cuando late y te recuerda; pero qué difícil es hacer metáforas con eso,  que clase de escritor he de ser si mi vida es tu muerte, ¡cómo late el pecho a las ocho en tu recuerdo!, tu recuerdo que me hace morir y renacer, qué maldita mierda esa ironía.

Pero tú no te preocupes, es evidente que eres demaciado linda para no romper uno o dos corazones en la vida, (tal vez más), uno es el mío, pero ya no importa, tu destino fue romper mi corazón.  ¿Qué puedes hacer frente al destino? No es tu culpa, ¿cómo podría serlo?, aun así debo intentar que no me duela.