El mundo va pasando fuera de la ventana del tren, Pedro todavía no puede creer este viaje, hace mucho que Pedro ya no cree en nada. En su pecho late su corazón con un animo extrañamente alegre entre la melancolía que le embarga, aunque después de todo la melancolía ya forma parte de su alma.
Pedro levanta la vista y mira brillar el sol. Sabe que todo estará bien.
Necesito que firmes esto, había dicho Elena, eran los papeles de divorcio, Pedro estaba tan cansado, llevaba años tratando de salvar la relación, tal vez su mujer era el único juez que no convencería con sus pruebas y evidencias de amor. -¿Qué hay de Sara? -Preguntó. "La verás los fines de semana."
Pedro firmó con tinta azul, pero vio brillar el carmesí de su sangre en aquel contrato de Satán.
Pedro bajo del tren aun sin creer nada de lo sucedido, hace mucho tiempo que Pedro ya no cree en nada. En su pecho late su corazón con un animo extrañamente alegre entre toda esa mierda que lo embarga, aunque toda esa mierda ya parece ser parte de su ser...
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sábado, 23 de mayo de 2020
jueves, 2 de febrero de 2017
El poema de una niña.
Como un
Huracán en el
Ojo de un
Caballo que en la
Oscuridad se esconde.
Lugar aislado que en la
Arena
Tiembla,
Estático a la vez.
Durante la
Eternidad eterna.
Palabras
Ajenas al
Rumorado
Incendio de
Siempre.
-¿Te gusta la posía? -prenguntó Pedro a la niña.
-Sí -respondío-, también el chocolate y parís.
Huracán en el
Ojo de un
Caballo que en la
Oscuridad se esconde.
Lugar aislado que en la
Arena
Tiembla,
Estático a la vez.
Durante la
Eternidad eterna.
Palabras
Ajenas al
Rumorado
Incendio de
Siempre.
-¿Te gusta la posía? -prenguntó Pedro a la niña.
-Sí -respondío-, también el chocolate y parís.
martes, 23 de diciembre de 2014
El poema de Pedro
"Él necesita encontrar un modo de expresar lo que quiere decir."
-Oasis.
Mira el reloj de allá adelante, colocado a mitad de la pared que tiene enfrente, las manecillas forman un ángulo de treinta y nueve grados, considerando al viento tal vez treinta y ocho (porque los caprichos de viento suelen hacer que las matemáticas no sean exactas, que sean un juego de adultos en un mundo infantil o prenatal), es sorprendente que Pedro lo percibe pero aún tiene con él la incapacidad de escribir, y peor aún la tiene sin el conocimiento de la hora porque ante el asunto de los ángulos olvidó que la quería saber y no lo hizo.
Tiempo
que
Pedro
pasa
sentado
pensando
sin hacer
nada.
La mente de Pedro vuelve a él, y aún recuerda la idea que vino del fondo rosado de su uña, pero no deja de pensar en los caballos, abre la ventana y toma aire para seleccionar sobre cuál de estos dos temas escribir; en la casa frente a la suya hay una mecedora, como la que solía usar su abuela, se imagina a sí mismo treinta años en el futuro meciéndose en una silla similar, tal vez incluso la misma, porque cuando de imaginación se trata no hay ningún límite, o nos limitamos a ignorarlos, pensando en este día, en el poema que escribió, y en este momento, las ideas fluyen en su pequeño cerebro.
El día terminó y él no escribió nada, recapacitaba y se preguntaba qué es peor, no tener idea de que escribir, o que la abundancia de ideas no te deje decidir en cual poner tu enfoque. Pasa toda la noche buscando una respuesta.
Busca....
Busca....
Busca....
Ahora café...
Busca...
Para él no hay respuesta, para él ambos son lo peor que le puede pasar a un soñador. Amanece y se da un baño, se prepara un café y se fuma un cigarro a la entrada, vuelve a la mesa de centro de ayer, que le recuerda burlona la incapacidad que tuvo de escribir, las lágrimas brotan de sus pequeños y oscuros ojos, y le recorren las mejillas, Pedro entonces toma su libreta y escribe el más triste y hermoso poema que jamás existirá...
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