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sábado, 5 de diciembre de 2020

La última hora

La muerte se va comiendo
mis ojos lentamente,
no puedo salir al sol
porque mi piel se pudre,
cada segundo que pasa
un alfiler se clava
dentro de mi corazón
de animal agonizante.

El fuego del atardecer
cae sobre mí e incendia mi cabeza,
quisiera volver a la anhelada infancia,
único lugar en dónde fui feliz.

La hora final se acerca,
piensa que le tengo miedo,
quiero recibirla como una hora
más en esta vida sin sentido.

Ayer en la calle vi como
un perro mordió a un niño;
quisiera clavar dientes
en la catrina muerte.

viernes, 7 de agosto de 2020

Después de morir

Pasará la vida,

nos será arrebatado

el último suspiro

en manos de la muerte bella;

y seguiremos juntos todavía.




sábado, 1 de agosto de 2020

Capacidad

Por detrás de mis ojos
asoma la muerte,
las olas chocan en el mar
para que las gaviotas
en la costa duerman.
El tiempo se termina
poco a poco y me pregunto
si la vida terminará también.
El dolor no cesa y los pensamientos
son más rápidos, más constantes,
más precisos, en el otro mundo
mi amada espera, mi cabeza
está lista y la bala cargada,
pero no soy capaz de disparar.


jueves, 28 de diciembre de 2017

Pequeños poemas místicos.

I
"Hecho de aire
entre pinos y rocas
brota el poema."

-Octavio Paz.
Adiós le dije
a todo, amada, pongo
esperanza en

mi corazón,
sin nadie, ya sin ti,
sin mí ni nadie.

Te extraño, vida,
te extraño, amor perdido,
vuelve, ilusión.

II
"El exiliado,
se fue adaptando al tedio
de la nostalgia."

-Mario Benedetti.
¡Cómo me anhelo!
¡Cómo me extraño, vida!
¡Cómo me extraño!

Tiene un solsticio
mi alma. Amanece el sol
al encontrarme.

Saldré del mundo,
mudo, llevaré mi alma
extraviada.

Saldré del mundo
solo, sin nada, dejo
lo inservible.

Acá se quedan
el orgullo: mi ser.
Yo: los prejuicios.

III
¿Qué seré ahora?,
si dejo de ser yo
¿qué seré ahora?

Seré ave libre,
migrante ave de paso
entre los hombres,

constelación,
infinito también,
cosmos entero.

Galaxia, estrella,
naturaleza misma,
cielo nocturno.


IV
Soledad, veo
tu cumbre, permíteme
subir en ella.

Quiero saber
lo que morir se siente,
toma mi vida

muerte y no la
sueltes nunca, un favor,
que me arrepienta.

Valorar hazme
la vida, muerte linda,
chula, coqueta.

Llévame helado,
divina muerte, llévame
contigo ardiente.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Ayer sentí la muerte.

Ayer sentí la muerte, temblar así,
no hay manera de sentirse fuerte;
toda mi vida terminó por un segundo;
-dos segundos, tres existencias, cuatro infinitos-.

He pensado
-algunos poetas pensamos
en algunas ocasiones plenamente raras-,
que lo emífero de la vida
no es más sino la posibilidad
eterna de la muerte
-muerte en caricias; en mujer.
Y claro, en la muerte misma-;
Ese infinito pensar en el éxtasis y el placer,
¿y si el goce fuera eterno?,
¿y si todo lo que vivimos y soñamos y sentimos no se terminara nunca?
Si en la eternidad estuviéramos vagando
por el interminable juego de emociones, sin delirios ni riesgos de término,
que cualquier cosa que pasara no importase nada porque de cualquier manera
se podría intentar algo más en el futuro,
ni la desgracia inmuta, al estar en otro lugar con otra gente por todos los mundos
por todo lo concebible de Dios.
O la felicidad, el pensar siempre que se puede superar
si se busca lo suficiente para sentirse la parte
más sustancial del emífero e ilimitado firmamento.

Siendo la mortalidad lo que el humano describe como la desgracia
de su condición mundana.
Al saberse terminable, obligado está en caer
al éxtasis de cada momento
o la depresión de la aflicción.
Eso es la muerte;
nada: sólo lo inefable.


                   Imagen relacionada

lunes, 29 de agosto de 2016

Zalihui: Velada de Rock.



Zalihui: Palabra náhuatl que significa unión.



Al despertar el sábado el sol dominaba mi cielo azul y despejado.
Lo primero que hice ese día fue desayunar, si bien, el desayuno es la comida más importante del día; en un día como éste, es todavía más importante. Y se debe desayunar como rico de la edad media, hasta el límite del cuerpo y llegar casi al vómito, comer a hartarse. Esto puede al lector parecerle exagerado, a muchos scouts les parece también exagerados, pero a los que hemos ido a este campamento de muerte y destrucción sin un mañana, personas como el chino, Amador, Ceci, Roberto y yo, sabemos que todas las calorías que una comida así pueda aportarnos, se van a quemar y muy probablemente tendrán que hacer las suyas las llamadas "fuerzas de flaqueza", así que el comer todo lo posible, más que un lujo; para el Zalihui, es una necesitad.

Así pues, después de los preparativos de rigor (menos la casa de campaña, que decidí dejar puesto que iba a la aventura, y siendo extraño que Ceci no se opusiera a tan rebuscada e imprudente opinión) emprendimos la marcha, a nuestro destino. Porque cuando uno decide ir al Zalihui, deja de ser un campamento, para convertirse en un destino.

Llegamos al parque esa tarde, una tarde como cualquier otra, soleada, como cualquier otra, con la única excepción, de que el lugar contenía scouts, y scouts, a la hora de trabajar, significa dedicación, esfuerzo y perfección, a la hora de servir, significa humildad, disposición y eficacia; así pues, a la hora de matar, significa muerte, sangre, violencia y sudor. Y esa tarde y la siguiente noche, era hora de matar.

Primer error de la tarde para todos: confirmar el registro. Hecho esto, a puño y letra, uno sellaba su propia sentencia.

Una formación general abre siempre actividades y eventos scout, sin ella no es scout, en ella se nos dijo la regla de oro: 0 groserías. Al ser scouts, Ana sabe que como jóvenes necesitamos decir cosas subidas de tono, así que hay una lista de palabras permitidas para esas ocasiones:

  • Recorcholis.
  • Repampanos.
  • Chetos.
  • Rayos.
  • Centellas.
  • Chanfle (entre otras no tan subidas de tono.)

Un scout conoce su verdadero valor y lo respeta.
Conoce el poder de su palabra y la cuida para no herir a nadie.
Por ello, palabra impura no conoce su voz.
Ni su voz palabra de maldad.





El inició, como es costumbre en este evento, una pista comando inició con las acciones, de no ser así, no lo organiza el grupo XXXI; y pues, el XXXI organizó. Así que la pista comando fue, no más pa´ calentar. Pecho lodo al inicio, porque la tierra es un lujo que se pueden dar las personas normales o los del pentatlón o militares, este pecho (para ti, mi querido lector que no puedes verme, al escribir eso me he señalado el pecho), que es scout, no conoce menos que el lodo. Seguido de la ya temida cuerda lisa, esa de las caricaturas, la que dicen imposible, algunos de nosotros con los puros brazos terminamos con esa amenaza a nuestro avance....

La pista comando, así con sus 7 pruebas (de las cuales no describí 5 para no aburrir o asustar al lector), tuvo termino, no sin antes cobrar sus lesionados de rigor, este año, sólo dos, es bueno que baje el número de éstos, al parecer ya se están aclimatando.

Los equipos se formaron y las actividades dieron así comienzo, no voy a mentir, muchas de ellas no estarán escritas aquí para reservar a los civiles de la muerte física a través de lecturas imposibles.
No obstante, escribiré una estación, de las muchas que ahí hubieron, para que se pueda apreciar, lo demandante de este rally.
El huaro, un juego scout que conlleva una cancha, dos equipos, dos palos, bastones o bordones, un circulo con mecahilo y un árbitro para hacer bulto. Cada equipo tiene un portero, el cual se va con un palo a la parte de afuera de la cancha, y permanece en un área especifica, para así atrapar el huaro (que es como se llama el circulo, que a decir verdad se puede hacer con un laso o piola de cualquier material prudente), y convertir los puntos.
Este juego es como el fútbol americano o el rugby, fuera de golpes directos, se pueden matar los unos a los otros a base de tacleadas. Con el huaro en la mano, no se pueden dar más de tres pasos, y a esto hay que sumarle la dificultad de jugar de noche, ya se jugó entre las nueve y las diez sin más iluminación que la luz de la luna tenue y creciente. Nota particular: no hubo lesionados. Nota general: Las muñecas y/o brazos pueden salir quebrados o al borde de ello. Nota del autor: No jugar sin seguro de vida o ser scout (preferentemente ambas.)

Pues a la hora de la cena se cenó (redundante o no, eso se hizo.) Unas hamburguesas muy buenas, tan buenas como nuestra hambre, tan buenas como el hambre que puede provocar un ejercicio de 6 horas ininterrumpidas.

Para relajarnos, se hizo una actividad tranquila, la cual se tuvo que repetir varias veces, seguida de roba queso y nuestro ya conocido Mongol dando clases de lenguaje en señas. Debido a unos problemas técnicos para instalar a la banda sorpresa (el Wilton rompiendo el generador y todo lo que suele hacer ese muchacho).
A las dos de aquella madrugada, fuimos a mitad del parque al toquín, el cual, sin perder tiempo, comenzó con Héroe de leyenda, sin perder ningún tiempo, siguieron con El son del dolor, y de ahí en adelante el ambiente fue en aumento. Desde el baile sin fin de La negra Tomasa hasta el triple slam en Puto. Lo que nos cuelga no dio momento alguno para el descanso, dos horas de buena música, y todos cantando puto a todo pulmón, porque a Baden Pawell no le tocó Molotov, de ser así él estaría de acuerdo.



Y siendo ya las cuatro de la mañana, con 6 horas de ejercicio, dos de concierto y un toque de diana para más poder a las 7am. una persona normal habría dormido, pero aún faltaba la fogata, cosa más que indispensable para un campamento. Que podía ir a dormir quien quisiera, eso desde después de cenar, y algunos así lo hicieron. Pero la mayoría estábamos ahí todavía, como un soldado en plena guerra; vulnerable, sin aliento casi, pero a la espera de la bomba. Y eso fue precisamente, una bomba, que tras otra hora y media de canciones y bailes junto al fuego nos mando a dormir.

Como la casa se nos fue como un lujo, sólo se había llevado (en el caso particular de mi clan) 1, la de Amador, siendo cuatro para una casa de dos, tras un acomodo muy como ortodoxo, pero necesario, dormimos lo que pudimos.

A las siete de la mañana, tal como se previno, el llamado para el ejercicio matutino se efectuó. A las siete treinta comenzó, y una hora y media más se consumió.

No mentiré, se me arrebato mi tercer invicto, el lunes fui a estudiar en modo zombie, mi espinilla derecha tiene una contusión más grande que el chamorro de la misma. A estas alturas me duele incluso el hecho de escribir. Y si me dijeran que volviera a ir aun sabiendo que perdería y me dolerian los huesos internamente de ellos mismos. Yo si volvía.

Con 10 horas más de ejercicio, un toquín de dos horas, una fogata de hora y media, un mal sueño apretado en una casa de campaña de un tamaño bastante pequeño que me dieron ganas de rayar el recorcholis de  todos y sacarlos a patadas para dormir yo solo, me di el lujo de entablar un espaldas planas con un scouter que me doblaba la edad, me llevaba quince kg, y estaba bien descansado. Y lo tuve mío en dos ocasiones, fuera del las cuales no vi la mía. Bueno y sano lo terminaba sin problema alguno, pues me ganó jadeando.



Nota: A ti, participante o staff de la velada, perdona si mi descripción de la misma a sido muy personal, pero yo sólo conozco mi perspectiva, de tener tu propio relato, puedes mandarlo y gustoso será publicado.

jueves, 30 de julio de 2015

El Águila Sangrienta



Después de esto yo sabía lo que venía, los dioses, jamás me atrevería a ofender a los dioses.
Yo no sé porque pronuncié aquello. No elegí las palabras… sólo… las dije.
Como si los dioses las hubiesen elegido para mí y mi destino. Ahora no me queda más que aceptarlo como buen guerrero. Como todo aquel que merece la gloria, porque el castigo que me sobreviene muchos lo ven como una tortura, pero yo lo veo como una verdadera oportunidad de mostrar la fuerza de mi alma. No los voy a engañar, preferiría mil veces no tener que pasar por esto, pero ahora está escrito, fue escrito con la única tinta que es imposible borrar: la tinta de los dioses.

Una botella de cerveza de rompe en mi cabeza, me desangra un poco, podría voltear y luchar con el maldito que lo hizo, pero sé que sólo fue un aviso, ahora tenía que bajar la cabeza y esperar mi apresamiento.
Llegamos al calabozo, unas cadenas comienzan a atraparme de manos y pies, mientras yo miro en silencio (no puedo hacer más, podría, después de todo soy el guerrero más fuerte de toda la raza vikinga en este reino, pero no, porque mis palabras, que a menudo son peor que las acciones –porque las palabras pueden dejar heridas de por vida, traumas verdaderamente grandes, fueron las causantes de todo esto).
Estoy preso, la puerta comienza a cerrarse lentamente, apuesto a que lo hacen a propósito, cerrar la puesta lentamente para que a cada centímetro anhele más y más mi libertad, y precisamente porque la anhelo no he de escapar, porque la libertad está en el alma, y mi alma no la tiene, la única forma de recuperarla será haciendo frente a aquello que me he ganado.
Los días pasan lentamente, uno, dos, tres, otra vez tres, maldita sea este día no sé acaba… cuatro, cuatro, cada día es más largo que el anterior…
Por fin, éste es mi séptimo día, no he comido, lo he soportado, no he hablado con nadie, está prohibido, debemos permanecer callados durante el encierro, después de todo no ha sido tan malo, durante esta semana he hablado conmigo mismo, me he conocido más incluso de lo que pude conocerme en toda mi vida. Cuando todo esto  inicio yo ya había decidido recibir mi castigo, pero tenía duda, me preguntaba porque los dioses habían elegido esto para mí, y si eran capaces de mandarme a lo que va a pasar mañana (porque lo de mañana a esta hora es la peor de todas las torturas que se practiquen este mundo. Pero vale la pena por toda la gloria del mundo que está por venir).

Escucho unos pasos, afuera, alguien viene, entra. Es una cara conocida, pone junto a mí el cráneo de algún difunto que murió con la misma tortura que me espera y que ahora solo están sus huesos. Yo sé que ahí están las llaves las cadenas que tengo apresándome manos y pies y de la puerta, ésta es la parte más difícil de todo, cuando sabes todo el dolor que te espera y tienes la llave al alcance de tu mano, durante veinticuatro horas, que el reloj de arena que colocó en suelo hace cinco segundos ha comenzado a contar, cuando sabes que probablemente no podrás superar lo que está preparado para ti más allá de ese lapso.

-Lamento que pases por esto –comenzó a hablar-, el tío Floki me ha hablado del castigo, sé que no puedes hablar conmigo, y que mañana no puedes gritar, que si lo haces no podrás entrar en el Valhalla, tampoco lo harás si me hablas hoy o si hubieses comido cualquier cosa antes de ahora desde que fuiste apresado. Pero eso no me prohibe hablarte a mí. Tampoco te prohibe escuchar. He pedido a los custodios un par de minutos contigo, los convencí, con el argumento de que si te hacía hablar jamás conocerías la gloria del Valhalla.
>>Prometo que voy a cuidar de mamá. Prometo también que en cada batalla y cada muerto que ose profanar el pueblo de los dioses que somos nosotros lo será en tu nombre, ahora que no estás yo soy el guerrero más imponente de estos tiempos, el más respetado.
>>Todo el respeto que yo reciba será gracias a ti. Y también será en vuestro honor –mi hijo se fue, yo me quedé aquí. Con las lágrimas rodándome por las mejillas.

El ejército con el que combatí tan épicas y memorables batallas entró por la puerta que minutos antes, marcaba la marcha de mi hijo. Trajo consigo un banquete digno del más poderoso rey, tal y como dicta la tradición ellos se marcaron, y yo comí y bebí asta hartarme y más todavía; al grado de quedarme dormido con un pedazo de pavo en la boca abierta.

Dormí demasiado, más de medio día, el reloj de arena se ha consumido, pensé que anoche tendría insomnio por lo que pasará, según mis cálculos hechos al ver la arena del reloj, en ocho horas.
Ahora las horas se consumen aun más lentamente que los días. Pueden ustedes hacer sus propias cuantas, cada segundo es una eternidad, pero el tiempo no es directamente proporcional, en un minuto caben cien eternidades y en una hora infinidad de infinitos, porque cada  grano de arena es un mundo que pasa afuera y yo me quedo aquí.

Falta una hora, todo mi cuerpo ha comenzado a temblar, creo que debo ir quitándome estas cadenas, porque si espero más estaré temblando tanto que no podré insertar la llave en donde va.

Mis nervios crecen cada vez más, el reloj se consume se consume cada vez menos. Mis rodillas tiemblan, mi corazón hace lo mismo, mi alma jamás estuvo tan excitada y  asustada al mismo tiempo, tengo tanta valentía y determinación dentro de mí que no puedo dejar de temblar ni por un segundo, o mejor dicho, ni por una eternidad.

El último grano de arena cae del reloj, ahora ya no sé lo que es peor, la agonía y la desesperación que me traía toda esa intriga del por venir y esperar que el lapso se cumpliera, o eso, precisamente que se cumpliera.

La llave comienza a girar, he comenzado a empujar la puerta, creo que ella también está temblando. Doy unos pasos, frente a mí hay dos caminos: el que debo seguir, y el de escapar. No he mentir, por una eternidad la idea de tomar el segundo camino se vio bastante tentadora, lo juro, estuve a punto de seguir aquella senda.
Pero no, en lo más profundo de mí sabía lo que debía hacer, así que cerré los ojos y di mi último suplico a los dioses, les supliqué me dieran el valor y la fuerza necesaria para soportar lo que venía, y les supliqué por mi familia. Cuando abrí los ojos lo hice con una decisión increíble, y emprendí la marcha a esta habitación en que ahora espero de rodillas mi castigo.

Cuando entre, toda la gente tenía actitud solemne, ceremonial. Muchos me miraban con verdadero pesar en los ojos. Frente al lugar donde habría de arrodillarme en unos momentos, se encontraba mi hijo y mi mujer, una mirada a mi hijo bastó para encargarle mucho a su madre, en cuestión de un segundo –esta vez un segundo y no una eternidad-, ya la tenía abrazada en su regazo.

Ella tenía la mirada llena de tristeza, me pregunto cuántos pedazos de corazón tendría en el pecho, cuántas veces se le habría roto el corazón esta semana, un pensamiento tomo parte de mí y me arrebato una o dos lágrimas: todo el dolor que ella sentía había sido a causa mía, y todas las veces que su corazón se fragmentará esta noche y las siguientes al recordar serían mi culpa.

Ahora estoy aquí arrodillado. El verdugo se arrodilla frente a mí y comienza a levantar los brazos, yo lo imitó como un espejo. Mis muñecas se introducen en los ganchos colgantes que están destinados a soportarlas y mantenerme en posición de cruz desde ahora y hasta mi muerte. Se levanta y va hacía mi espalda, mi familia queda frente a mí, ver sufrir a mi mujer me duele más que todo lo que me ha pasado. El filo de un cuchillo traspasa mi espalda, comienza a correr lentamente desde lo alto de mi espalda por todo lo largo de mi columna vertebral, gira hacía el lado izquierdo y se hace un cuadrado casi perfecto al llegar a la parte más lejana del centro de mi cuerpo. Tengo todo el torso lleno de sangre, y el mismo cuchillo comienza a rasgar mi piel simétricamente del lado derecho. Las lágrimas no dejan de brotar en el rostro de mi amada, mi alma no puede dejar de lamentarse al verla llena de dolor. Pero su dolor no opaca al mío, toda la sangre que corre desde mi espalda forma un charco en el suelo alrededor de mí.

Vamos, tú puedes, si soportas esto valdrá la pena –mi oído escuchaba el susurro del verdugo.- Ahora tomaré el hacha, lo siento, hazte el favor de no gritar, lo que viene es horrible.

Así eran las ceremonias, sabíamos que los únicos capaces de juzgar eran los dioses, y como buen verdugo, me daba palabras de aliento de vez en cuando, me decía todo lo que yo ya sabía, pero en momentos así, siempre es bueno saber que se cuenta con alguien que está ahí para apoyarte. Y él estaba ahí para mí.

El hacha está afilada, duele, he comenzado a sudar y eso arde intensamente en mis llagas, con el hacha, el verdugo a terminado de arrancar la piel de mi espalda, con su mano a tomado una de mis costillas, el charco de sangre ya le ha empapado los pies, el hacha rompe mi costilla, me retuerzo, estoy a punto de gritar, he abierto la boca pero no saco sonido alguno. Un líquido rojo mana de mi boca, no me permito estornudar, pero gota a gota cae la sangre que me acosa. El toma mi mano y vuelve a susurrar <<vamos, sé que puedes>>, después me rodea y de nuevo se arrodilla frente a mí. Pasan unos segundos, que nuevo pasan con la lentitud de la eternidad, respiró profundo, la espalda me duele, me duele mucho, no he dejado de ver a mi mujer, no pasa un segundo (ya sea normal o eterno) en que no sufra, me duele también el corazón, si hay algo que deseaba en la vida más que ser un buen guerrero y honrar mi vida y a los dioses, era jamás hacerla sufrir a ella. Y ahora está sufriendo.

Abro los ojos, que los había cerrado para sufrir en paz, porque siempre se sufre mejor con los ojos cerrados. Y apruebo con ligero movimiento de cabeza, mi verdugo de pone de pie y va a continuar con su labor. Repite el procedimiento con cada una de mis costillas.

Una vez que terminó, introdujo su mano en los agujeros de mi espalda y tomó un pulmón, sin cortarlo de mis vías respiratorias, lo sacó, y dejó suspendido en el aire, solamente sostenido por mis órganos internos. Con el otro pulmón hizo lo mismo. Mi mujer se desmayó.

Perdón –susurré.

En mis llagas echaron sal. Ardían de la manera más brutal que pude arder cualquier cosa en este mundo. El dolor era brutal.

No he gritado, creo que estoy a punto de morir…

viernes, 24 de julio de 2015

De como muere una maldita bruja



Trato, trato pero no es posible poder lo que deseo.
Y todo lo que quiero está aquí:
En esto que no puedo conseguir, es como si la vida me mostrara lo perfecto que puede llegar a ser el universo solamente para burlarse de mi ineptitud de conseguir lo que deseo.
Adiós al mundo que deseo, hola bendito universo inalcanzable, planeo pasar está y muchas más noches en vela pensando en vos, usted mi infinito inalcanzable.

Tengo tantas ganas de ser incinerado, Que un maldito caza brujas llegue y diga, <<usted es una maldita bruja>>, y que su estúpida horda de idiotas enfurecidos o desgraciados reprimidos que sólo buscan una escusa para ver el sufrimiento de alguien que no sean ellos, (porque les divierte ver sufrir a otros, pero les asusta saber que no pueden escapar del sufrimiento propio, que incluso en sus momentos más felices su corazón y alma están allí, dentro le lo que son ellos, y sufren, el sufrimiento ajeno los consuela, les hace ver que ellos no son los únicos que sufren, que todas la personas sufren, -y de todas las personas que sufrimos, las que disfrutan el dolor ajenos son las únicas idiotas-) me tome por la fuerza (con una rudeza innecesaria si se toma en cuenta que no opondré resistencia), y me encadenen de manos y piernas, y que falta de esas prisiones de la edad media en que a los prisioneros a corto plazo debían meter cabeza y manos en un tallado de madera que los inmovilizara con el torso doblado en un ángulo cercano a los noventa grados, estoy casi seguro que sesenta y tres; un hombre increíblemente fuerte marche conmigo tomandome del cuello hasta donde la muchedumbre se dirige lentamente hacía el lugar de mi muerte, nadie habla, probablemente creen que si lo hacen y me entero a donde vamos y donde voy a morir puedo planear una forma de usar mi magia negra y escapar y matarlos y todos y cada uno por interferir en mi vida llena de maldad, y aquellos que tienen familia creen que me vengaré con ellos y toda su desendencia y los dejaré con vida sólo con el objetivo de que sufran viendo degradarse lentamente cada uno de sus seres queridos (tontos, las personas suelen hacer eso sin necesidad de ningún tipo de magia negra o de ningún color, las personas que suelen tener el corazón hecho pedazos y no han sido lo bastante inteligentes para reponerse la mierda que lo ocasionó, las que han desidido convertirse en esa mierda para las demás personas, las personas que son felices, las que no tienen la culpa de nada, como yo, que jamás les he hecho nada), lo peor de todo este asunto es que es ridículamente obvio que vamos al parque, y que me van a quemar en el árbol central.

Y como lo predije, llegamos, me atan al árbol y comienzan a cantar lúgubres canticos antiguos relacionados con la muerte del maligno mientras el dichoso caza brujas derrama gasolina en mi cuerpo inerte, inerte como mi alma que ya no lucha ni se resiste a la muerte, inertes porque ya están cansados de luchar, llevan toda una maldita vida luchando y merecen un descanso.

Después de unas palabras (que por cierto a nadie le interesan, fuera de el todos vinieron solamente para verme arder), por fin, el caza brujas me enciende fuego; lanzo un grito gutural que por un momento me hizo pensar que tal vez tenía razón aquel sujeto y había algo de aterrador en éste ser. Me dolía el cuerpo, que ardía lentamente, me hubiese gustado que sólo se prendiera mi cuerpo, pero mi alma también se incendio, en un momento dado mi cuerpo deja de sentir dolor, (han sentido lo que es quemarse, quemar su cuerpo entero en el peor dolor que pueden imaginar multiplicado por cien), me sentí tan desgraciado cuando esto ocurre, por que el dolor que mi cuerpo ya no siente se desvanece sólo dar paso a las emociones y sufrimientos que se encuentran aquí, en mi interior, en mi alma, mi mente y mi corazón.

El dolor de incendio interno es el que te quemen entero en la hoguera, es el mismo, sólo que infinitamente peor.

jueves, 28 de mayo de 2015

La Persecución De Samuel

Samuel está sentado en la puerta de la entrada, el día, como siempre, está tranquilo, Samuel ve pasar a alguien, por alguna extraña razón que él desconoce le sigue con la mirada hasta doblar la esquina, toma aire, y por alguna extraña razón (que  tal vez sea la misma), se levanta y lo sigue él mismo.

El extraño parece darse cuenta de que lo persiguen, voltea; “mierda”, piensa Samuel, “no es posible, seguro que estoy soñando”, Pero Samuel había tenido razón.

El extraño entra en un callejón, a la mitad, del lado derecho un contenedor de basura. Sé lo que se piensa al leer eso: “pero, qué cosa sin importancia”.
Y es correcto, ese contenedor no tiene importancia alguna, aún…

Era un callejón sin salida, Samuel no dejaba de preguntarse por qué el extraño huía, y si lo que había visto era real…

El extraño llego al fondo, recorrió la barda con sus palmas milimétricamente como buscando una salida, un pasadizo secreto, algún lugar por dónde escapar, alguna clase de esperanza. No había, no había ninguna otra opción, el extraño suspiró, se dio la vuelta y se preparó para lo que venía.

Samuel entró en el callejón, se acercó a su paso normal, de hecho, estaba sorprendido de haberlo seguido tan de cerca aun después de no haber apretado el paso cuando él lo hizo.

Por fin Samuel se detuvo, y ahí estaba él, ahora al fin de esa larga caminata estaban los dos frente a frente.
“Mierda, -volvió a pensar Samuel-, no me lo he imaginado”.

Lo que Samuel veía frente a sí no era un extraño, era él, un personaje increíblemente idéntico a Samuel, era como un espejo en tercera dimensión, y más que un espejo, porque un espejo solo refleja lo que hace la persona, pero aquel desconocido  reflejaba más que sólo sus acciones, reflejaba sus sentimientos y emociones, reflejaba la esencia misma de sus ser, el sentimiento enloquecedor de esquizofrenia que le da cada vez que se siente perseguido,
Su forma de casi imperceptible de apresurar el paso, el mantenerse total e infinitamente sereno exteriormente aun cuando siente que su corazón va a colapsar y colapsa, el no detenerse hasta que no le queda opción, aún sin saber si es verdad si lo persiguen, (que hasta ahora nunca ha sido el caso, exceptuando la vez en que su novia le quería dar una sorpresa, y convencida de que la había visto, de que sabía exactamente quién era y de que la estaba evitando lo dejó. Seguro que dejarlo iba a ser la sorpresa y utilizó eso de pretexto). El no sentirse capaz de defenderse ni siquiera porque  siempre carga con él una pistola semi-automática que había conseguido hace tres años, en sus primeros ataques de esquizofrenia.

A Samuel siempre le ha asustado el pensar en qué sería capaz de hacer en una situación como ésta, en la que el perseguidor lo tuviera  acorralado, y tenía miedo, y eran dos miedos, el miedo lógicamente obvio, y el hasta dónde sería capaz de llegar para no ser atrapado. Y si aquel extraño era verdaderamente un reflejo de su ser; estaba a punto de averiguar lo segundo.

El extraño metió la mano en el bolsillo de su pantalón, cuando saco la mano, sujetaba un arma semi-automática, apuntó, del cañón del arma salió una bala, Samuel cayó al suelo, bajo su torso había un río de sangre corriendo que nacía de su cuerpo, de la herida de una bala.

Un extraño, corriendo fuera de dicho callejón, doblando hacía la derecha en la esquina más cercana, perdido entre la multitud, con lágrimas en los ojos, llorando, corriendo sin rumbo alguno, aún si creer lo que acababa de hacer, pero sabiendo que lo hizo…

En la acera de enfrente una niña vio la escena, se acercó a Samuel, miró como yacía en el suelo su cuerpo agonizante, como con cada trabada y mortal respiración se le acaba de poco el alma y las fuerzas para luchar el seguir con vida. La niña pensó la situación, y decidió ayudar a Samuel. Fue al cubo de basura y buscó algo, después de encontrarlo volvió con Samuel, que tal vez pudo haber vivido; pero su suerte fue otra, pues la niña empuño el objeto misterioso que saco del cubo y se lo clavó en el corazón. Samuel murió al instante, la niña rompió en llanto junto al cuerpo, y el sonido de una patrulla cada vez más cerca invadió el callejón.

Minutos después un coche policial se estacionó en la entrada del lugar, la niña seguía sollozando junto al cuerpo inanimado, la luz crepuscular iluminaba sus bellos ojos verdes, ahora rojos de tanto llorar.

-Que triste escena- pensó el oficial.

Unos ojos se abrieron en la penumbra de la noche, un cuerpo sudoroso se levanta de la cama, sudoroso a pesar del frío de la noche de invierno, el hombre fue a su escritorio, buscó en el cajón de la derecha y tomó su arma, sus manos comenzaron a temblar, su rostro dejo ver una sonrisa y Samuel se sintió terriblemente poderoso.

Después de pensarlo indefinidamente lo había decidido, aquello había sido un sueño, pero pensar en que era capaz de asesinar carcomía a Samuel desde sus adentros.

Ya en la orilla del río, Samuel miró su arma por última vez, la llevo a la parte trasera de su cabeza, cerró los ojos y tomó valor, del puente descendió un bulto y el río casi no salpicó agua.

Samuel estaba orgulloso, jamás pensó en el suicidio, pero sabía que haber tirado el arma al río podría ser un suicidio, y aún así lo hizo.

Camino a casa se sintió perseguido.


Está vez era cierto...

miércoles, 13 de mayo de 2015

Destino oscuro

"Es evidente que Dios me concedió un destino oscuro. Ni siquiera cruel. Simplemente oscuro."
-Mario Benedetti.

Dios padece de gangrena,
Ese es su castigo por hacer el bien.
Su piel se despedaza,
Él solo quería ayudar.

Sólo luz, sólo obscuridad,
no ha hecho nada sino vida
(maldito incrédulo infeliz,
el mal que ha hecho fue darle vida a la muerte).

La vida que es vida y la muerte que es vida, pero eterna.

¿Y Dios se desquita con nosotros y con  Benedetti?

Porque a cada uno nos concedió un destino oscuro.
Tan oscuro como el ataúd que rechina cada noche en que el muerto sale y baila,
y mueve la tierra,
y en cada cementerio un muerto bailando,
y una banda de rock satánico tocando en honor a Dios
(y Dios no muere para salvar al mundo,
muere para ir al panteón a bailar rock,
a beber, ponerse ebrio,
y al tercer día resucitó,
porque después de la banda vienen las muertas por la noche, y hasta el amanecer
vuelve a la tumba, porque para los muertos los días son sus noches,
corrijo entonces, resucitó la tercera noche,
porque la segunda noche había cruda,
jaqueca,
se la pasaba vomitando).

Y para poder gozar de la vida Él muere cada cierto tiempo.

Dios lo piensa y ha de morir feliz,
y no tiene nada que lamentar.

Pero aun así ese niño a de ahogarse,
ha de morir,
y el destino de Benedetti será oscuro,
enteramente oscuro,
sin luz ni sombra,
ni la sombra de una lágrima
ni la luz de una mujer.

Y todo hombre tendrá un destino oscuro por el resto de la eternidad.

jueves, 5 de febrero de 2015

Quisiera No Pensarte Más

Quisiera no pensarte más, no volver a saber que existes, ni llorar con tu recuerdo, con tu sonrisa, con tu mania de sonreir por cualquier cosa, quisiera no recordarte más, pero yo no recordarte, no saber que existes aunque existas, no quiero que dejes tu mania. Amo que la tengas, me dolería si la perdieras, y me dolería mucho, no, por supuesto que no quiero que la dejes, más bien quiero yo dejar la mía, y es que tengo la mania de recordarte a cualquier hora, a las cinco o seis, de la tarde o la mañana, eso no importa por que yo igual te recuerdo, lo que importa es que miro el reloj y son las tres y te recuerdo, y te recuerdo a ti, a ti y a tus ojos grises, y a tu amor que es mío pero no lo das, no lo das, sé que me quieres pero no lo dices, ¿qué mierda piensas que no lo dices?, yo te quiero y te lo digo, y te lo oculto a veces, en muy contadas ocasiones, pero sabes que te quiero cuando no lo digo, cuando la nostalgia me invade, y me invede tu recuerdo, cuando me invade tu recuerdo que es nostalgia, cuando me carcome desde dentro, desde las entrañas, esta maldita nostalgia que eres tú en mi memoria, esta nostalgia de recordarte. Y son las cuatro y te recuerdo, las siete y otra vez esta nostalgia. ¿Cuántas lágrimas he de llorar para irme a la chingada?, para saber que tu amor que es mío no me pertenece, para entender que estamos destinados a no ser aunque queramos, para mirar tu mano y no temblar, para poder recordarte, simplemente recordarte, sin llanto, sin sosiego, sin la más remota melancolía, para mirar tu foto y decir, pero decir sonriendo en tu recuerdo, sonriendo y sin gota alguna que asome desde el lagrimal: Qué hermosa utopía. Y sonreir más por saber que yo también soy tu utopía. Es emífero saber que así termina, en un par de proyectos imposibles.

Sé que mi destino es escribirte, te prometo que cuando al fin me vaya, lejos, muy lejos, tan lejos que tu aroma se sienta en mis fosas nasales y tus poros se abran al contacto de mi piel dormida. En una palabra, cuando por fin me vaya a la chingada, desde allá te escribiré, y te escribiré poemas tristes. Que triste es nuestra historia.
Qué triste es irme con todo el amor que tengo para ti, con todo el amor que no te doy, con todo el amor que jamás he de entregarte.

Doy gracias a Dios porque tú existes, porque me hayas roto el corazón, los poetas son poetas gracias al dolor, al sufrimiento, y yo siempre quise ser poeta, siempre quise tener inspiración, ahora, por ti mi alma duele y sufre, sólo me falta aprender a hacer belleza ese dolor, aprender a hacer metáforas con la mano de la muerte que me estruja el pecho cuando late y te recuerda; pero qué difícil es hacer metáforas con eso,  que clase de escritor he de ser si mi vida es tu muerte, ¡cómo late el pecho a las ocho en tu recuerdo!, tu recuerdo que me hace morir y renacer, qué maldita mierda esa ironía.

Pero tú no te preocupes, es evidente que eres demaciado linda para no romper uno o dos corazones en la vida, (tal vez más), uno es el mío, pero ya no importa, tu destino fue romper mi corazón.  ¿Qué puedes hacer frente al destino? No es tu culpa, ¿cómo podría serlo?, aun así debo intentar que no me duela.

sábado, 24 de enero de 2015

Nudillos sangrantes

La represión es el suicidio... muy lento, por supuesto.

-Osho.

Es una bella noche, necesito pensar, o no pensar en realidad. Necesito subir a la azotea y no pensar, cuando es de noche, lo mejor es subir a la azotea y mirar estrellas. Subo, entonces, veo las estrellas y no pienso, sólo miro: una, dos, tres... me gusta contar las estrellas, hay dos formas de hacerlo, una: las que eres capaz de mirar. Dos: las que eres capaz de imaginar. La primera siempre te dará el mismo resultado: uno, dos, tres... Pero la segunda, la segunda puede variar según el imaginante, puede que no se llegue a imaginar ninguna, o que imagine un millón, o dos billones, o tres trillones según sea el caso, yo una vez imaginé tres trillones, pero contar esas estrellas una a una es imposible, contar estrellas una a una es una quimera. A mí me gustan las quimeras.

Finalmente decido que necesito desahogarme, golpear una roca, golpear sin pensar, uno, dos, tres golpes, y repetir uno, dos, tres golpes, pero esta vez gritar fuerte, con toda el alma, tomar todo el dolor que algún día reprimí y sacarlo en ese grito alto, fuerte, con todo el corazón, gritar hasta que la sangre fluya en mi garganta y llorar de rabia, de dolor, de alegría, de todos los sentimientos que alguna vez tuve que reprimir en mi pecho. Preferiblemente de dolor, siempre es mejor llorar de sufrimiento, las lágrimas son más dulces, más sinceras y vienen de lo más profundo del alma. Después de llorar quiero mirar la roca y ver como ninguno de mis golpes le ha dolido, quiero odiarla con toda el alma y suplicar a dios que me permita tampoco sentir dolor. Me gustaría tomar mi ira y el resto de mis sentimientos hechos caos en mi interior para golpear con ellos a la maldita roca sin importarme si siente o no siente. Golpear tan fuerte y tantas veces que la sangre comience a salir de mis nudillos pidiendo clemencia, y el lugar de detenerme gritar otra vez, más fuerte todavía, hasta que mi grito quede ahogado en mi afónica garganta y la sangre manche mi rostro.

No importan mis nudillos rotos, ni mi carne deshecha sin piel, ni dueño, ni vida, ni muerte. Seré ira liberada y romperé mis venas para morir desangrado. Necesito morir liberando el dolor, siempre duele tener que tragarte tus propios sentimientos, yo ya me harté.