Un charco de sangre había bajo su amigo apuñalado. Juraría vengarse; mas en su mano estaba el puñal...
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domingo, 10 de junio de 2018
martes, 19 de septiembre de 2017
Bien o mal.
I
¿Qué demonios hago aquí? se preguntaba Pedro mientras se levantaba de la banca de mandera, un hombre tocaba la guitarra, un par de mujeres cantaban; Linda voz, lindas tetas. pensó, y hubo silencio, como si todos en el lugar hubiesen escuchado el pensamiento aquel, Oremos, dijo el hombre frente a todos, y todos oraron. Orar no sirve de nada dijo para sí.
II
-No sé muchas cosas, y hay también muchas cosas que sé pero no puedo explicar.
-Tú eres muy raro.
-¿Sabes?, en ocasiones un hombre puede decir infinad de frases y palabras bonitas, todas sin sentido, todas eludiendo algo, en ocasiones lo que pasa es que no se tiene el valor de pronunciar cuatro palabras, que pueden llegar a ser la mayor desdicha o placer.
-¿Eso puedes explicarlo?
-No. -Dijo Pedro, volviendo su mirada hacía gris del cielo y sintiendo el viento. Jenell había envuelto su cuerpo en el sueter de Pedro por aquel repentino soplo de Dios.
-Y cuando eres tú quien necesita decir esas palabras, ¿consigues ese valor del que hablas?
-Dios y yo somos amigos, le pido pocas cosas en la vida y hablamos poco, tal vez por eso me soporta; y cuando llega el momento de decir esas palabras, es presicamente ese valor lo que yo le pido. Si sale todo bien o mal ya es cosa suya, pero yo sólo quiero ser capaz de decir las cosas.
-¿Las has dicho alguna vez?
-Algunas; sí, pero ya no importa, ahora mismo busco la fuerza de hacerlo otra vez...
III
Pensó entonces que tal vez no fue tal mala idea asistir del libro de Job, uno de los mejores. De todas maneras no es que no tuviera nada mejor que hacer el domingo que asistir a misa -aunque de hecho ese domingo no tenía, debía tener pensó-, porque no del simple polvo sale lo que es malo... claro que no, todo lo malo y jodido sale de todas partes, de todo lugar, de todo espacio, de todo tiempo "en el suelo simple que pisan tus pies no hay desgracia mayor a ti", Claro que Pedro era hombre triste, con su padre diciendo esa frase cada vez que fracasaba, no había un nuevo intento, no había otra oportunidad ni un tú puedes hijo, había desgracia, y ésta no provenía, brotaba, tú mismo eres la desgracia, se dijo a sí mismo a falta de su padre y derramó lágrimas, un hombre entregado a Dios pensó al mirarle el sacerdote.
"Porque no del simple polvo sale lo que es perjudicial,
y del simple suelo no brota la desgracia.
Porque el hombre mismo nace para la desgracia,
como las chispas mismas vuelan hacia arriba."
-Palabra de Dios.
Pensó entonces que tal vez no fue tal mala idea asistir del libro de Job, uno de los mejores. De todas maneras no es que no tuviera nada mejor que hacer el domingo que asistir a misa -aunque de hecho ese domingo no tenía, debía tener pensó-, porque no del simple polvo sale lo que es malo... claro que no, todo lo malo y jodido sale de todas partes, de todo lugar, de todo espacio, de todo tiempo "en el suelo simple que pisan tus pies no hay desgracia mayor a ti", Claro que Pedro era hombre triste, con su padre diciendo esa frase cada vez que fracasaba, no había un nuevo intento, no había otra oportunidad ni un tú puedes hijo, había desgracia, y ésta no provenía, brotaba, tú mismo eres la desgracia, se dijo a sí mismo a falta de su padre y derramó lágrimas, un hombre entregado a Dios pensó al mirarle el sacerdote.
Desgracia, vine
a vivir a tu lado,
todo soy tuyo
Déjame morir
en tus brazos, soledad.
Déjame morir.
IV
Cerró los ojos, ella sabía exactamente lo que estaba por suceder, pudo hacer o decir cualquier cosa para aligerar la carga de Pedro, y tal como hubiese hecho Dios, detuvo el tiempo y admiro el momento, y decidió dejar correr todo sin interceder, sólo para direvertirse.
Tomó sus manos y supiró; abrió los ojos y la miró. -Jenell; tú me gustas- exclamó sereno.
Ella se ruborizó. Más por la increduliad de que lo haya dicho que por el contenido de sus palabras.
-No sé qué decir. -Repondió.
-Salgamos el domingo. -Y ella aceptó.
Tomó sus manos y supiró; abrió los ojos y la miró. -Jenell; tú me gustas- exclamó sereno.
Ella se ruborizó. Más por la increduliad de que lo haya dicho que por el contenido de sus palabras.
-No sé qué decir. -Repondió.
-Salgamos el domingo. -Y ella aceptó.
V
-El cuerpo y la sangre de cristo.
-Amén.
-Ave María purisima.
-Sin pecado concebida.
-¿Cuáles son tus pecados?
-Me acuso de...
Ha sido un camino largo para esta comunión, Dios, amor, haz que valga la pena.
VI
-No podremos salir mañana. -Escuchó Pedro desde el otro lado del audicular.
-Cabrón -dijo después de colgar, -¿acaso no es 16?, vamos pues a dar el grito.
VII
"Poder ir en paz"
"Demos gracias a Dios"
Pedro bajo la mirada y dijo "Señor, librame de pecar", salió del templo.
VIII
-Cabrón, y esta mujer -había dicho a su amigo al despertar esa mañana.
-No sé, pero pensé que la ibas a romper, no era ni medianoche y ya la tenías como muñeca de papel.
-Voy a misa.
-¿Puedo tomar lo que quedó de ella?
-Has lo que quieras -respondió al salir: -todo salió mal esta vez -regunfuño para sí mismo.
IX
Miro el cielo azul y despejado de aquel precioso y soleado día.
Perfecto para estar enamorado pensó.
domingo, 6 de marzo de 2016
Muerte, vida e infinito...
Podría llenar de tristeza mi alma.
untarme de melancolía la vida.
todos los días pensar,
oír tus murmullos en mi oído;
saber que nada existe.
Temblé con todo el corazón al
oír la propia voz de la conciencia.
dudé por un segundo.
osadía de jugar a la muerte
sin vida alguna.
untarme de melancolía la vida.
todos los días pensar,
oír tus murmullos en mi oído;
saber que nada existe.
Temblé con todo el corazón al
oír la propia voz de la conciencia.
dudé por un segundo.
osadía de jugar a la muerte
sin vida alguna.
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Acróstico,
Melancolía,
Pecados,
Poemas
jueves, 30 de julio de 2015
El Águila Sangrienta
Después de esto yo sabía lo que venía,
los dioses, jamás me atrevería a ofender a los dioses.
Yo no sé porque pronuncié aquello. No
elegí las palabras… sólo… las dije.
Como si los dioses las hubiesen elegido
para mí y mi destino. Ahora no me queda más que aceptarlo como buen guerrero.
Como todo aquel que merece la gloria, porque el castigo que me sobreviene
muchos lo ven como una tortura, pero yo lo veo como una verdadera oportunidad
de mostrar la fuerza de mi alma. No los voy a engañar, preferiría
mil veces no tener que pasar por esto, pero ahora está escrito, fue escrito con
la única tinta que es imposible borrar: la tinta de los dioses.
Una botella de cerveza de rompe en mi
cabeza, me desangra un poco, podría voltear y luchar con el maldito que lo
hizo, pero sé que sólo fue un aviso, ahora tenía que bajar la cabeza y
esperar mi apresamiento.
Llegamos al calabozo, unas cadenas comienzan a atraparme de manos y pies, mientras yo miro en silencio (no puedo hacer más, podría,
después de todo soy el guerrero más fuerte de toda la raza vikinga en este
reino, pero no, porque mis palabras, que a menudo son peor que las acciones
–porque las palabras pueden dejar heridas de por vida, traumas verdaderamente
grandes, fueron las causantes de todo esto).
Estoy preso, la puerta comienza a
cerrarse lentamente, apuesto a que lo hacen a propósito, cerrar la puesta
lentamente para que a cada centímetro anhele más y más mi libertad, y
precisamente porque la anhelo no he de escapar, porque la libertad está en el
alma, y mi alma no la tiene, la única forma de recuperarla será haciendo frente
a aquello que me he ganado.
Los días pasan lentamente, uno, dos,
tres, otra vez tres, maldita sea este día no sé acaba… cuatro, cuatro, cada día
es más largo que el anterior…
Por fin, éste es mi séptimo día, no he
comido, lo he soportado, no he hablado con nadie, está prohibido, debemos
permanecer callados durante el encierro, después de todo no ha sido tan malo,
durante esta semana he hablado conmigo mismo, me he conocido más incluso de lo
que pude conocerme en toda mi vida. Cuando todo esto inicio yo ya había decidido recibir mi
castigo, pero tenía duda, me preguntaba porque los dioses habían elegido esto
para mí, y si eran capaces de mandarme a lo que va a pasar mañana (porque lo de
mañana a esta hora es la peor de todas las torturas que se practiquen este
mundo. Pero vale la pena por toda la gloria del mundo que está por venir).
Escucho unos pasos, afuera, alguien
viene, entra. Es una cara conocida, pone junto a mí el cráneo de algún difunto
que murió con la misma tortura que me espera y que ahora solo están sus huesos.
Yo sé que ahí están las llaves las cadenas que tengo apresándome manos y pies y
de la puerta, ésta es la parte más difícil de todo, cuando sabes todo el dolor
que te espera y tienes la llave al alcance de tu mano, durante veinticuatro horas,
que el reloj de arena que colocó en suelo hace cinco segundos ha comenzado a
contar, cuando sabes que probablemente no podrás superar lo que está preparado
para ti más allá de ese lapso.
-Lamento que pases por esto –comenzó a
hablar-, el tío Floki me ha hablado del castigo, sé que no puedes hablar
conmigo, y que mañana no puedes gritar, que si lo haces no podrás entrar en el
Valhalla, tampoco lo harás si me hablas hoy o si hubieses comido cualquier cosa
antes de ahora desde que fuiste apresado. Pero eso no me prohibe hablarte a mí.
Tampoco te prohibe escuchar. He pedido a los custodios un par de minutos
contigo, los convencí, con el argumento de que si te hacía hablar jamás
conocerías la gloria del Valhalla.
>>Prometo que voy a cuidar de mamá.
Prometo también que en cada batalla y cada muerto que ose profanar el pueblo de
los dioses que somos nosotros lo será en tu nombre, ahora que no estás yo soy
el guerrero más imponente de estos tiempos, el más respetado.
>>Todo el respeto que yo reciba
será gracias a ti. Y también será en vuestro honor –mi hijo se fue, yo me quedé
aquí. Con las lágrimas rodándome por las mejillas.
El ejército con el que combatí tan épicas
y memorables batallas entró por la puerta que minutos antes, marcaba la marcha
de mi hijo. Trajo consigo un banquete digno del más poderoso rey, tal y como
dicta la tradición ellos se marcaron, y yo comí y bebí asta hartarme y más todavía;
al grado de quedarme dormido con un pedazo de pavo en la boca abierta.
Dormí demasiado, más de medio día, el
reloj de arena se ha consumido, pensé que anoche tendría insomnio por lo que
pasará, según mis cálculos hechos al ver la arena del reloj, en ocho horas.
Ahora las horas se consumen aun más
lentamente que los días. Pueden ustedes hacer sus propias cuantas, cada segundo
es una eternidad, pero el tiempo no es directamente proporcional, en un minuto
caben cien eternidades y en una hora infinidad de infinitos, porque cada grano de arena es un mundo que pasa afuera y
yo me quedo aquí.
Falta una hora, todo mi cuerpo ha
comenzado a temblar, creo que debo ir quitándome estas cadenas, porque si
espero más estaré temblando tanto que no podré insertar la llave en donde va.
Mis nervios crecen cada vez más, el reloj
se consume se consume cada vez menos. Mis rodillas tiemblan, mi corazón hace lo
mismo, mi alma jamás estuvo tan excitada y
asustada al mismo tiempo, tengo tanta valentía y determinación dentro de
mí que no puedo dejar de temblar ni por un segundo, o mejor dicho, ni por una
eternidad.
El último grano de arena cae del reloj,
ahora ya no sé lo que es peor, la agonía y la desesperación que me traía toda
esa intriga del por venir y esperar que el lapso se cumpliera, o eso,
precisamente que se cumpliera.
La llave comienza a girar, he comenzado a
empujar la puerta, creo que ella también está temblando. Doy unos pasos, frente
a mí hay dos caminos: el que debo seguir, y el de escapar. No he mentir, por
una eternidad la idea de tomar el segundo camino se vio bastante tentadora, lo
juro, estuve a punto de seguir aquella senda.
Pero no, en lo más profundo de mí sabía
lo que debía hacer, así que cerré los ojos y di mi último suplico a los dioses,
les supliqué me dieran el valor y la fuerza necesaria para soportar lo que
venía, y les supliqué por mi familia. Cuando abrí los ojos lo hice con una
decisión increíble, y emprendí la marcha a esta habitación en que ahora espero
de rodillas mi castigo.
Cuando entre, toda la gente tenía actitud
solemne, ceremonial. Muchos me miraban con verdadero pesar en los ojos. Frente
al lugar donde habría de arrodillarme en unos momentos, se encontraba mi hijo y
mi mujer, una mirada a mi hijo bastó para encargarle mucho a su madre, en
cuestión de un segundo –esta vez un segundo y no una eternidad-, ya la tenía
abrazada en su regazo.
Ella tenía la mirada llena de tristeza,
me pregunto cuántos pedazos de corazón tendría en el pecho, cuántas veces se le
habría roto el corazón esta semana, un pensamiento tomo parte de mí y me
arrebato una o dos lágrimas: todo el dolor que ella sentía había sido a causa
mía, y todas las veces que su corazón se fragmentará esta noche y las
siguientes al recordar serían mi culpa.
Ahora estoy aquí arrodillado. El verdugo
se arrodilla frente a mí y comienza a levantar los brazos, yo lo imitó como un
espejo. Mis muñecas se introducen en los ganchos colgantes que están destinados
a soportarlas y mantenerme en posición de cruz desde ahora y hasta mi muerte.
Se levanta y va hacía mi espalda, mi familia queda frente a mí, ver sufrir a mi
mujer me duele más que todo lo que me ha pasado. El filo de un cuchillo
traspasa mi espalda, comienza a correr lentamente desde lo alto de mi espalda
por todo lo largo de mi columna vertebral, gira hacía el lado izquierdo y se
hace un cuadrado casi perfecto al llegar a la parte más lejana del centro de mi
cuerpo. Tengo todo el torso lleno de sangre, y el mismo cuchillo comienza a
rasgar mi piel simétricamente del lado derecho. Las lágrimas no dejan de brotar
en el rostro de mi amada, mi alma no puede dejar de lamentarse al verla llena
de dolor. Pero su dolor no opaca al mío, toda la sangre que corre desde mi espalda
forma un charco en el suelo alrededor de mí.
Vamos, tú puedes, si soportas esto valdrá
la pena –mi oído escuchaba el susurro del verdugo.- Ahora tomaré el hacha, lo
siento, hazte el favor de no gritar, lo que viene es horrible.
Así eran las ceremonias, sabíamos que los
únicos capaces de juzgar eran los dioses, y como buen verdugo, me daba palabras
de aliento de vez en cuando, me decía todo lo que yo ya sabía, pero en momentos
así, siempre es bueno saber que se cuenta con alguien que está ahí para apoyarte.
Y él estaba ahí para mí.
El hacha está afilada, duele, he
comenzado a sudar y eso arde intensamente en mis llagas, con el hacha, el
verdugo a terminado de arrancar la piel de mi espalda, con su mano a tomado una
de mis costillas, el charco de sangre ya le ha empapado los pies, el hacha
rompe mi costilla, me retuerzo, estoy a punto de gritar, he abierto la boca
pero no saco sonido alguno. Un líquido rojo mana de mi boca, no me permito estornudar, pero gota a gota cae la sangre que me acosa. El toma mi mano y vuelve a susurrar <<vamos, sé que puedes>>, después me rodea y de nuevo se arrodilla frente a
mí. Pasan unos segundos, que nuevo pasan con la lentitud de la eternidad,
respiró profundo, la espalda me duele, me duele mucho, no he dejado de ver a mi
mujer, no pasa un segundo (ya sea normal o eterno) en que no sufra, me duele
también el corazón, si hay algo que deseaba en la vida más que ser un buen
guerrero y honrar mi vida y a los dioses, era jamás hacerla sufrir a ella. Y
ahora está sufriendo.
Abro los ojos, que los había cerrado para
sufrir en paz, porque siempre se sufre mejor con los ojos cerrados. Y apruebo con ligero movimiento de cabeza, mi verdugo de pone de
pie y va a continuar con su labor. Repite el procedimiento con cada una de mis
costillas.
Una vez que terminó, introdujo su mano en
los agujeros de mi espalda y tomó un pulmón, sin cortarlo de mis vías
respiratorias, lo sacó, y dejó suspendido en el aire, solamente sostenido por
mis órganos internos. Con el otro pulmón hizo lo mismo. Mi mujer se desmayó.
Perdón –susurré.
En mis llagas echaron sal. Ardían de la
manera más brutal que pude arder cualquier cosa en este mundo. El dolor era
brutal.
No he gritado, creo que estoy a punto de
morir…
viernes, 24 de julio de 2015
De como muere una maldita bruja
Trato,
trato pero no es posible poder lo que deseo.
Y
todo lo que quiero está aquí:
En
esto que no puedo conseguir, es como si la vida me mostrara lo perfecto que
puede llegar a ser el universo solamente para burlarse de mi ineptitud de
conseguir lo que deseo.
Adiós
al mundo que deseo, hola bendito universo inalcanzable, planeo pasar está y
muchas más noches en vela pensando en vos, usted mi infinito inalcanzable.
Tengo
tantas ganas de ser incinerado, Que un maldito caza brujas llegue y diga,
<<usted es una maldita bruja>>, y que su estúpida horda de idiotas
enfurecidos o desgraciados reprimidos que sólo buscan una escusa para ver el
sufrimiento de alguien que no sean ellos, (porque les divierte ver sufrir a
otros, pero les asusta saber que no pueden escapar del sufrimiento propio, que
incluso en sus momentos más felices su corazón y alma están allí, dentro le lo
que son ellos, y sufren, el sufrimiento ajeno los consuela, les hace ver que
ellos no son los únicos que sufren, que todas la personas sufren, -y de todas
las personas que sufrimos, las que disfrutan el dolor ajenos son las únicas
idiotas-) me tome por la fuerza (con una rudeza innecesaria si se toma en
cuenta que no opondré resistencia), y me encadenen de manos y piernas, y que
falta de esas prisiones de la edad media en que a los prisioneros a corto plazo
debían meter cabeza y manos en un tallado de madera que los inmovilizara con el
torso doblado en un ángulo cercano a los noventa grados, estoy casi seguro que
sesenta y tres; un hombre increíblemente fuerte marche conmigo tomandome del
cuello hasta donde la muchedumbre se dirige lentamente hacía el lugar de mi
muerte, nadie habla, probablemente creen que si lo hacen y me entero a donde
vamos y donde voy a morir puedo planear una forma de usar mi magia negra y
escapar y matarlos y todos y cada uno por interferir en mi vida llena de
maldad, y aquellos que tienen familia creen que me vengaré con ellos y toda su
desendencia y los dejaré con vida sólo con el objetivo de que sufran viendo
degradarse lentamente cada uno de sus seres queridos (tontos, las personas
suelen hacer eso sin necesidad de ningún tipo de magia negra o de ningún color,
las personas que suelen tener el corazón hecho pedazos y no han sido lo
bastante inteligentes para reponerse la mierda que lo ocasionó, las que han
desidido convertirse en esa mierda para las demás personas, las personas que
son felices, las que no tienen la culpa de nada, como yo, que jamás les he
hecho nada), lo peor de todo este asunto es que es ridículamente obvio que
vamos al parque, y que me van a quemar en el árbol central.
Y
como lo predije, llegamos, me atan al árbol y comienzan a cantar lúgubres
canticos antiguos relacionados con la muerte del maligno mientras el dichoso
caza brujas derrama gasolina en mi cuerpo inerte, inerte como mi alma que ya no
lucha ni se resiste a la muerte, inertes porque ya están cansados de luchar,
llevan toda una maldita vida luchando y merecen un descanso.
Después
de unas palabras (que por cierto a nadie le interesan, fuera de el todos
vinieron solamente para verme arder), por fin, el caza brujas me enciende
fuego; lanzo un grito gutural que por un momento me hizo pensar que tal vez
tenía razón aquel sujeto y había algo de aterrador en éste ser. Me dolía el
cuerpo, que ardía lentamente, me hubiese gustado que sólo se prendiera mi
cuerpo, pero mi alma también se incendio, en un momento dado mi cuerpo deja de
sentir dolor, (han sentido lo que es quemarse, quemar su cuerpo entero en el
peor dolor que pueden imaginar multiplicado por cien), me sentí tan desgraciado
cuando esto ocurre, por que el dolor que mi cuerpo ya no siente se desvanece
sólo dar paso a las emociones y sufrimientos que se encuentran aquí, en mi
interior, en mi alma, mi mente y mi corazón.
El
dolor de incendio interno es el que te quemen entero en la hoguera, es el
mismo, sólo que infinitamente peor.
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Narrativa,
Pecados
martes, 14 de julio de 2015
Hoja De Papel
Una sonrisa en la hoja de papel,
Una lágrima rodó por mi mejilla
No te quiero ver jamás,
Me pondré a cantar un par de momentos y para siempre,
Ahora mismo hay un incendio dentro de mi alma
No pienso dejar de cantar jamás
Ni a pesar de la llamas.
Adentro llueve
Y por fuera quema el frío
Que lo invadió,
Las llamas heladas que rodean
Aquello que no puedo soportar aunque lo haga.
(Es mi corazón que llora lágrimas de olvido al recordar.)
Hasta nunca mi amor,
hasta pronto corazón.
Una lágrima rodó por mi mejilla
No te quiero ver jamás,
Me pondré a cantar un par de momentos y para siempre,
Ahora mismo hay un incendio dentro de mi alma
No pienso dejar de cantar jamás
Ni a pesar de la llamas.
Adentro llueve
Y por fuera quema el frío
Que lo invadió,
Las llamas heladas que rodean
Aquello que no puedo soportar aunque lo haga.
(Es mi corazón que llora lágrimas de olvido al recordar.)
Hasta nunca mi amor,
hasta pronto corazón.
Es el olvido.
jueves, 11 de junio de 2015
Perdón, Te Quiero Demasiado.
Perdón, sé que soy un idiota, imbécil, mal nacido, estúpido, tonto hecho de mierda.
Perdón por lo que hice, hago, haré y después de eso, porque
este maldito desgraciado infeliz hijo de perra que te escribe ya no tiene
solución ni arreglo alguno.
Pero aun así te quiero.
Y te quiero mucho, y te quiero demasiado y más, y más que demasiado,
y demasiado es poco, y más que demasiado, tanto, que decir que demasiado poco
en realidad es poco, y menos que poco, así de más de demasiado es que te
quiero.
jueves, 28 de mayo de 2015
La Persecución De Samuel
Samuel está sentado en la puerta de la entrada, el día, como
siempre, está tranquilo, Samuel ve pasar a alguien, por alguna extraña razón que
él desconoce le sigue con la mirada hasta doblar la esquina, toma aire, y por
alguna extraña razón (que tal vez sea la
misma), se levanta y lo sigue él mismo.
El extraño parece darse cuenta de que lo persiguen, voltea; “mierda”,
piensa Samuel, “no es posible, seguro que estoy soñando”, Pero Samuel había
tenido razón.
El extraño entra en un callejón, a la mitad, del lado
derecho un contenedor de basura. Sé lo que se piensa al leer eso: “pero, qué
cosa sin importancia”.
Y es correcto, ese contenedor no tiene importancia alguna,
aún…
Era un callejón sin salida, Samuel no dejaba de preguntarse
por qué el extraño huía, y si lo que había visto era real…
El extraño llego al fondo, recorrió la barda con sus palmas
milimétricamente como buscando una salida, un pasadizo secreto, algún lugar por
dónde escapar, alguna clase de esperanza. No había, no había ninguna otra
opción, el extraño suspiró, se dio la vuelta y se preparó para lo que venía.
Samuel entró en el callejón, se acercó a su paso normal, de
hecho, estaba sorprendido de haberlo seguido tan de cerca aun después de no
haber apretado el paso cuando él lo hizo.
Por fin Samuel se detuvo, y ahí estaba él, ahora al fin de
esa larga caminata estaban los dos frente a frente.
“Mierda, -volvió a pensar Samuel-, no me lo he imaginado”.
Lo que Samuel veía frente a sí no era un extraño, era él, un
personaje increíblemente idéntico a Samuel, era como un espejo en tercera
dimensión, y más que un espejo, porque un espejo solo refleja lo que hace la
persona, pero aquel desconocido
reflejaba más que sólo sus acciones, reflejaba sus sentimientos y
emociones, reflejaba la esencia misma de sus ser, el sentimiento enloquecedor
de esquizofrenia que le da cada vez que se siente perseguido,
Su forma de casi imperceptible de apresurar el paso, el
mantenerse total e infinitamente sereno exteriormente aun cuando siente que su
corazón va a colapsar y colapsa, el no detenerse hasta que no le queda opción,
aún sin saber si es verdad si lo persiguen, (que hasta ahora nunca ha sido el
caso, exceptuando la vez en que su novia le quería dar una sorpresa, y convencida
de que la había visto, de que sabía exactamente quién era y de que la estaba
evitando lo dejó. Seguro que dejarlo iba a ser la sorpresa y utilizó eso de
pretexto). El no sentirse capaz de defenderse ni siquiera porque siempre carga con él una pistola semi-automática
que había conseguido hace tres años, en sus primeros ataques de esquizofrenia.
A Samuel siempre le ha asustado el pensar en qué sería capaz
de hacer en una situación como ésta, en la que el perseguidor lo tuviera acorralado, y tenía miedo, y eran dos miedos,
el miedo lógicamente obvio, y el hasta dónde sería capaz de llegar para no ser
atrapado. Y si aquel extraño era verdaderamente un reflejo de su ser; estaba a
punto de averiguar lo segundo.
El extraño metió la mano en el bolsillo de su pantalón,
cuando saco la mano, sujetaba un arma semi-automática, apuntó, del cañón del arma
salió una bala, Samuel cayó al suelo, bajo su torso había un río de sangre
corriendo que nacía de su cuerpo, de la herida de una bala.
Un extraño, corriendo fuera de dicho callejón, doblando
hacía la derecha en la esquina más cercana, perdido entre la multitud, con
lágrimas en los ojos, llorando, corriendo sin rumbo alguno, aún si creer lo que
acababa de hacer, pero sabiendo que lo hizo…
En la acera de enfrente una niña vio la escena, se acercó a
Samuel, miró como yacía en el suelo su cuerpo agonizante, como con cada trabada
y mortal respiración se le acaba de poco el alma y las fuerzas para luchar el
seguir con vida. La niña pensó la situación, y decidió ayudar a Samuel. Fue al
cubo de basura y buscó algo, después de encontrarlo volvió con Samuel, que tal
vez pudo haber vivido; pero su suerte fue otra, pues la niña empuño el objeto
misterioso que saco del cubo y se lo clavó en el corazón. Samuel murió al
instante, la niña rompió en llanto junto al cuerpo, y el sonido de una patrulla
cada vez más cerca invadió el callejón.
Minutos después un coche policial se estacionó en la entrada
del lugar, la niña seguía sollozando junto al cuerpo inanimado, la luz
crepuscular iluminaba sus bellos ojos verdes, ahora rojos de tanto llorar.
-Que triste escena- pensó el oficial.
Unos ojos se abrieron en la penumbra de la noche, un cuerpo
sudoroso se levanta de la cama, sudoroso a pesar del frío de la noche de
invierno, el hombre fue a su escritorio, buscó en el cajón de la derecha y tomó
su arma, sus manos comenzaron a temblar, su rostro dejo ver una sonrisa y
Samuel se sintió terriblemente poderoso.
Después de pensarlo indefinidamente lo había decidido,
aquello había sido un sueño, pero pensar en que era capaz de asesinar carcomía
a Samuel desde sus adentros.
Ya en la orilla del río, Samuel miró su arma por última vez,
la llevo a la parte trasera de su cabeza, cerró los ojos y tomó valor, del
puente descendió un bulto y el río casi no salpicó agua.
Samuel estaba orgulloso, jamás pensó en el suicidio, pero
sabía que haber tirado el arma al río podría ser un suicidio, y aún así lo
hizo.
Camino a casa se sintió perseguido.
Está vez era cierto...
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