jueves, 30 de abril de 2020
viernes, 17 de abril de 2020
Después de todo un día perfecto
-¿Por qué no podemos salir? -preguntó la niña.
-La muerte está afuera, amor...
-Voy a comprar comida -dijo la madre una semana después desde la puerta de la casa-. No tardo -agregó con una mirada tan dulce como la miel de sus ojos, con esa sonrisa tan sincera que le hizo creer a la niña que todo terminaría pronto. Pero su madre no volvió.
-La muerte está afuera, amor...
-Voy a comprar comida -dijo la madre una semana después desde la puerta de la casa-. No tardo -agregó con una mirada tan dulce como la miel de sus ojos, con esa sonrisa tan sincera que le hizo creer a la niña que todo terminaría pronto. Pero su madre no volvió.
Tiempo después todo terminó y la niña pudo salir de casa, una tarde de mayo, el cielo estaba despejado, los pájaros cantaban y se respiraba un fresco aire de paz. Esa tarde era la definición de «día perfecto», pero la niña estaba sola.
jueves, 9 de abril de 2020
Una mujer de ciudad.
Es complicado explicar las sentimientos que mi mente invaden cuando el hemisferio derecho de mi mente se propone comenzar a trabajar. Con ese afán de imaginar cosas nuevas y de descubrir el mundo sin salir del cómodo sofá, sin despegar la nariz del usado, gastado y destartalado libro encontrado en ese bello librero de madera que alberga todo el universo. Sin despegar los labios de la taza de café que en la mesa descansará cuando termine su placentero sorbo.
Es complicado también explicar la felicidad de la vida cuando uno la disfruta; así como el suplicio que padece el hombre cuando la depresión le carcome hasta los huesos.
Resulta complicada la vida,
sencilla la muerte.
Quisiera tomar por los cuernos el toro y domar hasta el fin de la pradera que llamamos mundo a la gacela.
Entretener a la niña caprichosa que llamo alma y ganar el eterno (no tan eterno al parecer, jamás perpetuo, finito e impredecible) juego que llamamos vida.
Hace tiempo que me he preguntado si todos pueden llegar a gozar esto que yo. Las personas de ciudad por ejemplo, van leyendo lo que nosotros, las personas de sillón escribimos, y cuando escribo por ejemplo que disfruto y no deseo salir del cómodo sofá con un afán de imaginar cosas nuevas y descubrir el mundo de mi libro tomado del bello librero de madera que alberga todo el universo y un buen café al que voy a seguir sorbiendo todo el día, las personas de cuidad -ilusas y tontas-, se convencerán a si mismas que es algo de lo que les gustaría disfrutar también. Convencidas, por que se convencen de que si tuvieran la oportunidad no perderían ni un párrafo de su lectura, no habría rincón del sofá que no conociera la silueta de su cuerpo -al menos eso sí lo cumplirían si se vieran obligados-, saborearían el café más que en su trabajo de empresa mal pagado y por fin podrían decir, leí uno de los libros del librero, mismos que llevan acumulando polvo desde que fueron comprados con el afán de leerse pero no han tenido oportunidad.
Un par de semanas atrás, alguien llamó a mi puerta, algo curioso, hace algunos 50 años que no recibo visita alguna, la puerta de mi apartamento solo la he tocado yo desde que lo compre a más de medio siglo. Invadido por la curiosidad abrí la puerta. Era mi vecina de enfrente, una mujer joven, alrededor de 25 años, con la cual nunca en mi corta vida he cruzado ni siquiera un buenos días. Miré hacía abajo y tenía una maleta, pequeña, de esas en las que metes dos o tres cambios antes de partir, ella sonrió. Dormí en mi cómodo sofá, con la esperanza de soñar cosas nuevas y conocer el mundo...
Amaneció lloviendo, terminaba de preparar -acto para el cuál me vi obligado de salir del cómodo sofá- café cuando la joven mujer salió de la habitación; maleta en mano. Uno les da un café y ellas se quedan dos semanas. Un truco que me hubiese gustado sirviera en mis tiempos de juventud.
Desempleada, con una liquidación que da para vivir cómodamente todo un año si solo te preocupas por vivir, sino quieres andar de fanfarrón en fiestas o no sales de vacaciones a la playa; seis meses si vas. Con un hombre que parece no hacer nada pero que goza de una economía estable.
¿Ella será muy joven o seré yo el que ya está viejo para el mundo actual?
Un día llovió y se quedó conmigo, quería contarme sobre su desempleo y todas las situaciones de la vida alrededor de ese factor. No la deje, de todas formas no la entendería, jamás he tenido un empleo y no veo nada de malo en la falta de él. Mira -dije asomando a la ventana- está lloviendo. Me gusta cuando llueve porque es el clima perfecto para tomar café. Hay otra cosa con la lluvia y el café cuando se juntan, no se habla de trabajo, sino de arte.
Y pasamos todo el día hablando de trivialidades -aunque nada tan trivial como el trabajo, ni el gobierno, ni el consumismo-, riendo, leyendo.
Todos los días pudieron ser así a partir de entonces, pero ella insiste en salir cada mañana a buscar empleo, mientras yo la espero imaginando cosas nuevas y de descubriendo el mundo sin salir del cómodo sofá, sin despegar la nariz del usado, gastado y destartalado libro encontrado en ese bello librero de madera que alberga todo el universo. Sin despegar los labios de la taza de café que en la mesa descansará cuando termine su placentero sorbo.
Ella tiene todo el tiempo del mundo ahora y hace todo menos darse tiempo para sí, creo que al final no era que no hubiera oportunidad.
Pero ella no nota que el tiempo es ahora, después de todo es una mujer de ciudad.
Es complicado también explicar la felicidad de la vida cuando uno la disfruta; así como el suplicio que padece el hombre cuando la depresión le carcome hasta los huesos.
Resulta complicada la vida,
sencilla la muerte.
Quisiera tomar por los cuernos el toro y domar hasta el fin de la pradera que llamamos mundo a la gacela.
Entretener a la niña caprichosa que llamo alma y ganar el eterno (no tan eterno al parecer, jamás perpetuo, finito e impredecible) juego que llamamos vida.
Hace tiempo que me he preguntado si todos pueden llegar a gozar esto que yo. Las personas de ciudad por ejemplo, van leyendo lo que nosotros, las personas de sillón escribimos, y cuando escribo por ejemplo que disfruto y no deseo salir del cómodo sofá con un afán de imaginar cosas nuevas y descubrir el mundo de mi libro tomado del bello librero de madera que alberga todo el universo y un buen café al que voy a seguir sorbiendo todo el día, las personas de cuidad -ilusas y tontas-, se convencerán a si mismas que es algo de lo que les gustaría disfrutar también. Convencidas, por que se convencen de que si tuvieran la oportunidad no perderían ni un párrafo de su lectura, no habría rincón del sofá que no conociera la silueta de su cuerpo -al menos eso sí lo cumplirían si se vieran obligados-, saborearían el café más que en su trabajo de empresa mal pagado y por fin podrían decir, leí uno de los libros del librero, mismos que llevan acumulando polvo desde que fueron comprados con el afán de leerse pero no han tenido oportunidad.
Un par de semanas atrás, alguien llamó a mi puerta, algo curioso, hace algunos 50 años que no recibo visita alguna, la puerta de mi apartamento solo la he tocado yo desde que lo compre a más de medio siglo. Invadido por la curiosidad abrí la puerta. Era mi vecina de enfrente, una mujer joven, alrededor de 25 años, con la cual nunca en mi corta vida he cruzado ni siquiera un buenos días. Miré hacía abajo y tenía una maleta, pequeña, de esas en las que metes dos o tres cambios antes de partir, ella sonrió. Dormí en mi cómodo sofá, con la esperanza de soñar cosas nuevas y conocer el mundo...
Amaneció lloviendo, terminaba de preparar -acto para el cuál me vi obligado de salir del cómodo sofá- café cuando la joven mujer salió de la habitación; maleta en mano. Uno les da un café y ellas se quedan dos semanas. Un truco que me hubiese gustado sirviera en mis tiempos de juventud.
Desempleada, con una liquidación que da para vivir cómodamente todo un año si solo te preocupas por vivir, sino quieres andar de fanfarrón en fiestas o no sales de vacaciones a la playa; seis meses si vas. Con un hombre que parece no hacer nada pero que goza de una economía estable.
¿Ella será muy joven o seré yo el que ya está viejo para el mundo actual?
Un día llovió y se quedó conmigo, quería contarme sobre su desempleo y todas las situaciones de la vida alrededor de ese factor. No la deje, de todas formas no la entendería, jamás he tenido un empleo y no veo nada de malo en la falta de él. Mira -dije asomando a la ventana- está lloviendo. Me gusta cuando llueve porque es el clima perfecto para tomar café. Hay otra cosa con la lluvia y el café cuando se juntan, no se habla de trabajo, sino de arte.
Y pasamos todo el día hablando de trivialidades -aunque nada tan trivial como el trabajo, ni el gobierno, ni el consumismo-, riendo, leyendo.
Todos los días pudieron ser así a partir de entonces, pero ella insiste en salir cada mañana a buscar empleo, mientras yo la espero imaginando cosas nuevas y de descubriendo el mundo sin salir del cómodo sofá, sin despegar la nariz del usado, gastado y destartalado libro encontrado en ese bello librero de madera que alberga todo el universo. Sin despegar los labios de la taza de café que en la mesa descansará cuando termine su placentero sorbo.
Ella tiene todo el tiempo del mundo ahora y hace todo menos darse tiempo para sí, creo que al final no era que no hubiera oportunidad.
Pero ella no nota que el tiempo es ahora, después de todo es una mujer de ciudad.
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| Photo Instagram: joanaguinart |
domingo, 22 de marzo de 2020
Puede parar el tiempo eternamente.
Puede parar el tiempo eternamente.
Pueden las olas del mar dejar la arena de golpear.
Puede el viento dejar de mover las hojas.
Pero mi corazón no deja de latir por ti.
Puede el sol dejar de calentar los mares,
Pueden los países del mundo sus fronteras olvidar.
Puede el rocío dejar de caer sobre el jardín.
Pero mi mente no podrá dejarte de pensar.
Puede Dios enviar pandemias.
Puede satán ofrecer salud a cambio de mi alma
y mi alma no podré vender. Porque mi alma, a ti te pertenece.
Pueden las olas del mar dejar la arena de golpear.
Puede el viento dejar de mover las hojas.
Pero mi corazón no deja de latir por ti.
Puede el sol dejar de calentar los mares,
Pueden los países del mundo sus fronteras olvidar.
Puede el rocío dejar de caer sobre el jardín.
Pero mi mente no podrá dejarte de pensar.
Puede Dios enviar pandemias.
Puede satán ofrecer salud a cambio de mi alma
y mi alma no podré vender. Porque mi alma, a ti te pertenece.
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| Foto de instagram: janayanina |
domingo, 26 de enero de 2020
De la vida insoportable I
A veces la vida parece insoportable. Puedes despertar un martes por la tarde, salir a la cocina y preparar algo para almorzar.
Se hace tarde, con tu padre de todas formas a cada día se hace tarde. Hoy más tarde de lo acostumbrado, vas a la sala de estar y no está ahí, no se encuentra en el mismo sillón donde se encuentra cada mañana. No está tomando café, no está completamente listo, taciturno, esperando a que te desesperes un poco y le pidas que te lleve, cuando él sabe perfectamente a qué hora deberían salir.
Es extraño. Noche había llegado tarde, muy tarde, la madrugada entrada y la luna llena a mitad del cielo.
Tal vez se quedó dormido, está cansado piensas. Vas a su cuarto.
Es tarde, es tarde para muchas cosas, pera salir a caminar, para subir las notas de cuando ibas en el kinder, para la vida. Tu papá está en alcoba, ves a tu padre con su expresión circunspecta de siempre. No está dormido, está colgando, tu padre se ha suicidado...
Se hace tarde, con tu padre de todas formas a cada día se hace tarde. Hoy más tarde de lo acostumbrado, vas a la sala de estar y no está ahí, no se encuentra en el mismo sillón donde se encuentra cada mañana. No está tomando café, no está completamente listo, taciturno, esperando a que te desesperes un poco y le pidas que te lleve, cuando él sabe perfectamente a qué hora deberían salir.
Es extraño. Noche había llegado tarde, muy tarde, la madrugada entrada y la luna llena a mitad del cielo.
Tal vez se quedó dormido, está cansado piensas. Vas a su cuarto.
Es tarde, es tarde para muchas cosas, pera salir a caminar, para subir las notas de cuando ibas en el kinder, para la vida. Tu papá está en alcoba, ves a tu padre con su expresión circunspecta de siempre. No está dormido, está colgando, tu padre se ha suicidado...
domingo, 24 de noviembre de 2019
Bukowski y la ensalada
Estaba yo comiéndome una ensalada en uno de esos lugares de moda veganos, era mediodía. No soy un chico saludable (aunque si algún día me ves caminando por la calle, fingiendo estudiar en la facultad de ingeniaría, jugando a ser pintor en la facultad de artes, fumando mariguana en la facultad de filosofía o comiendo una ensalada en uno de esos lugares de moda para veganos puedes sentirte completamente libre de saludarme, puede que terminemos caminando juntos, te ponga un casco, manche de pintura tu camisa, te comparta de mi marihuana, te invite una ensalada, te devuelva el saludo o simplemente te ignore). De hecho, es un hecho también que la ensalada no es mi comida favorita, incluso podría atreverme a afirmar que no es una comida en absoluto.
A veces recuerdo a esa chica que encuentro en el gimnasio (cuando voy, claramente a acompañar a algún amigo, no es todavía oficial, pero el ejercicio y yo somos enemigos, el uno siempre está evitando al otro, sin embargo, ambos estamos bien, existimos en lugares tan opuestos sin molestarnos, nunca hacemos planes para dañarnos entre nosotros) y le dice a sus amigos cuando van de salida ¡Oh, que hambre, vamos por una ensalada! ¿Una ensalada? ¿De verdad? Pocas veces en mi vida he hecho ejercicio, es una actividad que no pienso repetir, pero he tenido (más por obligación que por placer, algo así como acompañar a tu novia -suerte que no tengo una- a la boda de una amiga la misma noche que sale el final de temporada de tu serie favorita) y termino tan hambriento como para comerme un elefante con todo y piel, terminaría usando sus colmillos como palillos para limpiar mis dientes.
Entonces le miro y me pregunto ¿Se llenara realmente con una ensalada? En mi mente solo hay dos teorías, puede que en ese gimnasio ella no haga ejercicio, paga su suscripción y está inscrita mensualmente solo para ir a tomar selfies, sé lo que estás pensando, quien sería tan tonto en primera para pagar un gimnasio, lo sé, es ilógico, pagar por hacer ejercicio y dos, quien sería tan doblemente tonto para pagar un servicio que no va a utilizar. Bueno, sigo sin comprender lo primero, pero la mujer y su mente es muy distinta a la tuya y la mía, pagar un gimnasio para solo tomarse fotos y subirlas a redes sociales es altamente lógico, no defiendo pagar servicios o productos que no vas a utilizar, pero recuerda tu fiesta de graduación de la preparatoria, compraste esos condones y no tuviste el valor (o la suerte) ni siquiera de sacar a bailar a una muchacha. O cuando en secundaria a las niñas tontas (todas la son en esa etapa, es su ventaja, nosotros lo somos de por vida, ¿será por eso que hay menor tasa de depresión en los varones?) les gustaban los musculosos y te compraste ese par de pesas que te salieron tan caras y siguen acumulando polvo bajo tu cama. En resumen, no creo que esa ensalada la llene.
Leyendo lo que hasta ahora he escrito, me parece que estoy desviándome un poco del tema.
Quería decir aquí (si es que te importa o lo gustas leer) el porque si no me gustan los vegetales me encuentro siempre a mediodía almorzando ensalada en algún establecimiento distinto.
Si hay algo que me gusta en medio de toda esta mierda que es el mundo es definitivamente la literatura, en una ocasión leí a Bukowski y cito: ¿Qué por que bebo? Porque ninguna buena historia comienza con un "estaba yo comiéndome una ensalada", leí mucho, todo breve, siempre inicios, muchos libros (sin tomarme la molestia de saber si eran buenos o no), muchos relatos, muchos cuentos, y ciertamente, ninguna historia (dejemos ahora si era buena o mala) comienza con "estaba yo comiéndome una ensalada".
Que si prefiero una cantina y un tequila, claro que sí, me gusta tanto el tequila que si hubiese nacido en otro lugar igual sería de Jalisco en mi corazón. Pero en mi corazón también duerme un investigador. El buen Charles dio una hipótesis, y sería yo quien la iba a confirmar, o en todo caso a refutar. mi muestra ha sido larga, llevo 5 meses almorzando esta porquería que los vegetarianos llaman alimento; dios como a la mujer, creo a las vacas para ser comidas, ¡carajo! Pero yo no juzgo, ya dios cuando se mueran les dirá: porque no evaluamos las acciones de tu vida acompañados de una buena torta ahogada y no sabrán que responder. Entonces los mandará al infierno donde (Dante no lo lo escribió porque tenía detalles más significativos que narrar) hay un circulo reservado para todos aquellos que fingían no comer carne para preservar la vida, ignorando cómodamente que las plantas también son seres, más indefensos que los animales, incluso.
En un par de semanas terminaría con seis meses de rigurosa experimentación. Pero hace unos días sucedió, justo cuando estaba yo comiéndome una ensalada que ella entró, la chica del gimnasio.
Con su pequeña cintura que te hacen querer comer a ella mil veces más que la patética ensalada que tienes en la mesa.
-Hola digo ella -en su voz existía la armonía de lo ángeles, tan absorto en su belleza estaba, tan confundido por el que me haya hablado que no supe que responder. En lugar de irse agregó: -eres amigo de Memo, ¿no? -claro, uno lo amigos a los que suelo acompañar al gimnasio nos había presentado. Una chica tan linda como ella, la verdad es que sorprende se haya acordado de que existo. Pero lo hizo, y estoy feliz. -Sí, somos amigos -en una jugada arriesgada extendí la mano y dije: -me acompañas a comer.
-Sí. -Respondió...
Si la historia es buena o mala tú lo has de decidir, pero yo puedo decir que mi querido Charles estaba equivocado.
A veces recuerdo a esa chica que encuentro en el gimnasio (cuando voy, claramente a acompañar a algún amigo, no es todavía oficial, pero el ejercicio y yo somos enemigos, el uno siempre está evitando al otro, sin embargo, ambos estamos bien, existimos en lugares tan opuestos sin molestarnos, nunca hacemos planes para dañarnos entre nosotros) y le dice a sus amigos cuando van de salida ¡Oh, que hambre, vamos por una ensalada! ¿Una ensalada? ¿De verdad? Pocas veces en mi vida he hecho ejercicio, es una actividad que no pienso repetir, pero he tenido (más por obligación que por placer, algo así como acompañar a tu novia -suerte que no tengo una- a la boda de una amiga la misma noche que sale el final de temporada de tu serie favorita) y termino tan hambriento como para comerme un elefante con todo y piel, terminaría usando sus colmillos como palillos para limpiar mis dientes.
Entonces le miro y me pregunto ¿Se llenara realmente con una ensalada? En mi mente solo hay dos teorías, puede que en ese gimnasio ella no haga ejercicio, paga su suscripción y está inscrita mensualmente solo para ir a tomar selfies, sé lo que estás pensando, quien sería tan tonto en primera para pagar un gimnasio, lo sé, es ilógico, pagar por hacer ejercicio y dos, quien sería tan doblemente tonto para pagar un servicio que no va a utilizar. Bueno, sigo sin comprender lo primero, pero la mujer y su mente es muy distinta a la tuya y la mía, pagar un gimnasio para solo tomarse fotos y subirlas a redes sociales es altamente lógico, no defiendo pagar servicios o productos que no vas a utilizar, pero recuerda tu fiesta de graduación de la preparatoria, compraste esos condones y no tuviste el valor (o la suerte) ni siquiera de sacar a bailar a una muchacha. O cuando en secundaria a las niñas tontas (todas la son en esa etapa, es su ventaja, nosotros lo somos de por vida, ¿será por eso que hay menor tasa de depresión en los varones?) les gustaban los musculosos y te compraste ese par de pesas que te salieron tan caras y siguen acumulando polvo bajo tu cama. En resumen, no creo que esa ensalada la llene.
Leyendo lo que hasta ahora he escrito, me parece que estoy desviándome un poco del tema.
Quería decir aquí (si es que te importa o lo gustas leer) el porque si no me gustan los vegetales me encuentro siempre a mediodía almorzando ensalada en algún establecimiento distinto.
Si hay algo que me gusta en medio de toda esta mierda que es el mundo es definitivamente la literatura, en una ocasión leí a Bukowski y cito: ¿Qué por que bebo? Porque ninguna buena historia comienza con un "estaba yo comiéndome una ensalada", leí mucho, todo breve, siempre inicios, muchos libros (sin tomarme la molestia de saber si eran buenos o no), muchos relatos, muchos cuentos, y ciertamente, ninguna historia (dejemos ahora si era buena o mala) comienza con "estaba yo comiéndome una ensalada".
Que si prefiero una cantina y un tequila, claro que sí, me gusta tanto el tequila que si hubiese nacido en otro lugar igual sería de Jalisco en mi corazón. Pero en mi corazón también duerme un investigador. El buen Charles dio una hipótesis, y sería yo quien la iba a confirmar, o en todo caso a refutar. mi muestra ha sido larga, llevo 5 meses almorzando esta porquería que los vegetarianos llaman alimento; dios como a la mujer, creo a las vacas para ser comidas, ¡carajo! Pero yo no juzgo, ya dios cuando se mueran les dirá: porque no evaluamos las acciones de tu vida acompañados de una buena torta ahogada y no sabrán que responder. Entonces los mandará al infierno donde (Dante no lo lo escribió porque tenía detalles más significativos que narrar) hay un circulo reservado para todos aquellos que fingían no comer carne para preservar la vida, ignorando cómodamente que las plantas también son seres, más indefensos que los animales, incluso.
En un par de semanas terminaría con seis meses de rigurosa experimentación. Pero hace unos días sucedió, justo cuando estaba yo comiéndome una ensalada que ella entró, la chica del gimnasio.
Con su pequeña cintura que te hacen querer comer a ella mil veces más que la patética ensalada que tienes en la mesa.
-Hola digo ella -en su voz existía la armonía de lo ángeles, tan absorto en su belleza estaba, tan confundido por el que me haya hablado que no supe que responder. En lugar de irse agregó: -eres amigo de Memo, ¿no? -claro, uno lo amigos a los que suelo acompañar al gimnasio nos había presentado. Una chica tan linda como ella, la verdad es que sorprende se haya acordado de que existo. Pero lo hizo, y estoy feliz. -Sí, somos amigos -en una jugada arriesgada extendí la mano y dije: -me acompañas a comer.
-Sí. -Respondió...
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| Foto de Instagram: ari_maj |
Si la historia es buena o mala tú lo has de decidir, pero yo puedo decir que mi querido Charles estaba equivocado.
jueves, 7 de noviembre de 2019
Naufragos Zalihui
I
El rey y Alex se conocen.
Es fácil ser un buen guerrero; ser el mejor en cambio, implica dedicación.
Para ser el mejor de los guerreros, debes ser capaz de correr bajo el torbellino de una tormenta de nieve sin camisa, con una espada en la mano y siempre ver donde pones la hoja para poder cortar el más delgado de los copos. Caminar serenamente bajo el sol de las 3 de la tarde en el desierto descalzo, por supuesto.
En la isla del guerrero, ser el mejor es aún más complicado.
Una tarde a finales de septiembre, bajo una tormenta eléctrica abismal, Alex entrenaba, el filo de su espada recién tallado con la piedra que cargaba en su bolsillo.
Muchas veces antes de este día, cuando atrapaba con la punta de su aún no tan conocida espada el poder de un rayo, con la intención de regresar aquel ataque a los dioses de la isla, había sido noqueado.
Vino un rayo y el lo capturó con parsimonia en su espada, hacía mucho que había dominado la técnica de llevarlo a la tierra, hacía no tanto que aprendió a desviarlo, pero aún no lograba devolver toda ese electricidad a núcleo de las nubes.
El rayo recorrió de la punta de su espada hasta el meñique de su pie, y el momento de olvidar la energía, dejarla reposar en tierra y volver a la batalla, un fluido sereno en su interior hizo volver esa luz, nunca había llegado tan lejos, cuando el trueno en sus manos se encontraba, listo para depositarlo en la espada y dejarlo brotar hacía los cielos, cuando el mango parecía comenzar a sentir la presión de la corriente, en ese momento no soportó, soltó la espada y salió disparado de espaldas 30 metros o más, siendo detenido por el impacto en el interior de un bajón de tren, ya olvidado. Alex fue noqueado una vez más por el poder de los dioses de la guerra.
Al despertar, estaba en interiores, una fogata en medio del bajón y su ropa secándose cerca de ella, sorprendido miró a su alrededor, pero no vio a nadie. Alex, se preguntaba desconcertado quien pudo haber hecho el fuego y secado su ropa, desde la esquina, una pelota rodó hacía él. Tomó una antorcha de la fogata y se acercó, pero en la esquina no había nadie.
-Hola -Alex volteó, la pelota le había hablado...
II
La caída de la corona.
La isla pelota era tranquila, el la dinastía de la familia Cir había reinado con sabiduría y benevolencia durante generaciones. Desde la muerte de Enebro, su hijo Sed había sabido gobernar.
En la sala real ingresó el consejero, conocido como Pelota sabia, y toda la guardia real inclino la cabeza. El rey Sed cuestionó a la guardia por aquella inclinación tan inusual.
-¿Qué tal el vino, su majestad? -preguntó burlón el consejero. El hombre que contaba con la absoluta confianza del rey, lo había envenenado.
El cuerpo de Sed fue arrogado al mar, la falta de descendencia de la dinastía coronó al malvado sabio.
III
El hambre de la isla.
Tras escuchar como la pelota en quien más confió lo traicionó, Alex entrego su lealtad el rey Pelota, y prometió ayudarlo a recuperar su isla, conocida como la isla Zalihui.
Construyeron una balsa y remaron durante semanas, sabían que lo primero que debían hacer era explorar la isla, ver la situación actual y formar el plan de acción que les permitiera colocar al legitimo rey en el trono redondo.
El día en que llegaron era soleado, y el viento estaba cargado de una increíble tranquilidad, el reino parecía el mismo de siempre.
No todo puede ser lo mismo, pensaba el rey pelota, la familia real siempre trató bien a la familia sabia y escuchó sus consejos, y se niega a creer que si no quisiera cambiar algo en la isla hubiese intentado matarle.
Unos días de viaje y llegaron a una región aislada, vieron como la pelota que vendía fruta pateaba a una pequeña pelota por trabar de robar una manzana.
-¿Por qué has tratado de robar? -preguntó el rey sin trono.
-Tengo hambre. -respondió.
El rey sin reino miró a su alrededor, la aldea eran unas cuantas chozas mal levantadas sobre las ruinas de la antigua ciudad redonda, destruida durante la guerra del rebote sagrado hace más de dos siglos.
-Hace apenas unos meses que me arrebató del trono, es imperdonable que el sabio consejero haga pasar hambre a las pelotas del imperio.
-Esto no es culpa del rey sabio -escuchó la voz de un anciano. -Estamos en está situación hace mucho, después de la guerra del rebote sagrado muchas familias se quedaron sin recursos, la familia Cir, al igual que el rey sabio creyeron que todos habíamos muerto y jamás voltearon a ver que seguíamos aquí. Llevamos generaciones con hambre y pocas pelotas son las que logran llegar a viejas.
La lagrimas rodaron en el rostro del antiguo soberano al pensar que mientras el jugaba en jardín real, miles de pelotas morían de hambre. Cuando recobrará el trono y terminará con la vida del traidor, arreglaría la situación.
IV
La culminación del rey.
Algunas semanas bastaron para saber cual era la mejor forma, parece que la corona solo le importa a los nobles, el sabio gobernaba con sabiduría y benevolencia cual si se tratará de un Cir. De hecho, la única razón por la cual tomó el trono fue porque estaba seguro de que gobernaba la familia equivocada, durante generaciones las decisiones de todo el reino las había tomado su familia a través de su consejos, cada palabra que emanaba de ellos era aprobada por la familia Cir, y el soberano en curso solo aprobaba y era venerado por el pueblo, sin el sabio consejo de sus antepasados el imperio Zalihui no sería lo que es, y nadie en el reino daba crédito a un simple consejero. La dinastía Cir no había tomado una sola decisión propia en toda la historia, porque incluso fueron los dioses cuando se formó el cosmos quienes habían decidido la posición de las familias nobles. Envenenar al rey fue tal vez un desafío para los dioses, pero estaba convencido de que a veces, incluso los dioses se equivocan, y es el deber de los sabios corregirlos.
Los jueves era día de audiencias con el rey. Sed y Alex disfrazados de campesinos entraron al salón, cuando tuvieron al rey frente a ellos y los invitó a hablar.
Entonces el anterior soberano se quitó la capucha y dijo con voz firme "yo soy Sed Cir, primero con el nombre, hijo de Enebro, nieto de Trefos, descendiente directo de Hi, quien con honor y valentía fue victorioso en la guerra del rebote sagrado. Legitimo heredero al trono redondo y verdadero soberano de la isla Zalihui. Ordeno a la guardia real por todo lo que simbolizan los siglos de gobierno de mi familia llevad a esa pelota al calabozo mientras es preparado su juicio y su..." No terminó de hablar cuando una lanza atravesó su pecho, el rey pelota fue ponchado por el comandante de la guardia real, ahora fiel al rey sabio. Alex murió en el calabozo, donde su cuerpo se pudrió y aún en él yace su esqueleto.
V
Epílogo.
La aún no tan conocida espada de Alex el guerrero, jamás fue conocida por nadie.
Las aldeas que se encontraban en las ruinas de las antiguas ciudades del imperio, siguieron con hambre.
No todo era lo mismo, como pensaba el rey pelota, la familia real siempre trató bien a la familia sabia y escuchó sus consejos, si no quisiera cambiar algo en la isla la sabia pelota no lo habría matado.
No todo era lo mismo, en el trono gobernaba otra familia.
No hubo canciones de ese día, el apellido Cir no se olvidó, pero para el pueblo, el nuevo soberano era lo mismo.
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