domingo, 2 de noviembre de 2025

El dos de noviembre cayó en domingo

he pasado la noche en vela esperando tu visita,
estoy aquí en el altar junto a tu foto y tus ofrendas...
y espero verte, espero tenerte conmigo un segundo al menos.
el dos de noviembre cayó en domingo
y es tiempo de estar en familia,
quiero que vengas, quiero tenerte a mí lado,
que la familia esté completa, y me toques el hombro
y me mires siendo el hombre en que me convertí;
en el que me ayudaste a formar.
quiero que toques mi hombro me mires con orgullo.

estoy aquí en el altar junto a tu foto y tus ofrendas... y te amo.

viernes, 17 de octubre de 2025

the perfect light...

I woke up early and the darkness fills the bedroom.
I turn the light on, the spotlight illuminated the room,
I looked and looked and asked myself
if a spotlight was the perfect option, the right one;
if it would be better a candle, or to open the window
and let in the natural moonlight.
I asked myself what would be the best light in the room, in the life...
Maybe the sun, maybe the moon, or I don't know: maybe you.
Your eyes, your smile: your soul...

miércoles, 1 de octubre de 2025

no se me culpe.

yo soy ese hombre al que cada instante nuevo lo sorprende.
que miro la vida con los ojos del niño que no pude ser cuando debía serlo.
soy el hombre que cree en la bondad y la vida porque
mi vida ha estado repleta de crueldad y muerte.
es mi espíritu un incansable revolucionario
que se niega a creer que la vida es esto,
que la suma de la soledad y la oscuridad del abismo lo son todo,
que siempre lo han sido y que siempre lo tienen que ser.
soy esa palabrada de bondad y aliento cuando la sociedad grita y critica, soy el hombre que nada en la inmundicia del pecado cometido en el pasado y que recae constantemente en el presente. pero soy también consciente que no tiene que definirme el error, que no tienen que definirme las caídas. he sido prostituto del sistema que llamamos vida; del machismo y el clasismo y el racismo. por eso ahora levanto la voz y me esfuerzo día con día para ser mejor de lo que fui y he sido. por eso ahora miro el cielo y levanto la mano tratando de alcanzar un poco de la divinidad de dios para compartirla con el mundo.

ser hombre de bien suena irreal, pero intentar... no se me culpe.


domingo, 17 de agosto de 2025

La visión del rey V

 La visión del rey IV

Polonio llegó más tarde a una capilla del palacio que se encontraba cerca de los aposentos del rey, donde este último se encontraba, dio la noticia de haber citado a Hamlet a su dormitorio para que hablase con su reina y madre, quien, a pesar de ser testigo de la insana cordura del príncipe, por su cariño no podría del todo tener objetivo oído, siendo menester que el mismo como consejero, se ocultase para la conversación escuchar y dar reporte luego. Estuvo de acuerdo el rey, y cuando Polonio se marchó y el rey comenzó a pensar, pudiera ser que en ese lugar sagrado, verdaderamente se encontrase más cerca de dios y del cielo, pues tan pronto se quedó solo, séase por el sitio, por el espectáculo desagradable que con dedo vil el príncipe le apunta sin filtros como el asesino del rey pasado, o por su conciencia culposa que cada vez gritaba más fuerte en sus adentros, que comenzó entre pensamientos internos y oración: «Es mi delito atroz, y su rancio hedor al cielo eleva; lleva consigo la primera maldición, la más grande: la muerte de un hermano. No puedo orar, aunque mi alma toda el rezo aclame: más que mi voluntad resulta y firme puede mi enorme crimen; soy como el hombre que en dos negocios piensa: dudo con cual empezar, y ambos descuido. Y aunque en sangre hermana bañado hubiese mi maldita diestra mil y mil veces ¿lluvia no hay bastante que en ese cielo justo y bondadoso que pueda volverla blanca cual nieve? Inútil fuera la merced, si osada el crimen no afrontase, vano el rezo, si no tuviese en sí la doble fuerza de precaver el crimen meditado, de perdonar la culpa cometida. Recemos, pues; mi crimen ya está hecho. Mas ¿en qué forma de oración valerme? «¿Perdóneme el aleve asesinato?» No puede ser: las prendas incentivas del horrendo crimen todavía conservo: mi cetro, mi ambición, mi esposa y reina. ¿Podrá lograr perdón quien aún ofende? En el perverso mundo la dorada mano del criminal cada vez consigue hacer que retroceda la justicia; y vese que a menudo al infame oro la ley cede; mas nunca allá en el cielo. No sirve de nada allí la astucia; claro, el crimen parece tal cual es, y frente a frente salen a condenarnos nuestras faltas. ¿Qué queda, pues, por hacer? ¿Arrepentirme? ¡Qué no podrá la contrición sincera! Mas ¿qué podrá el alma que no se humilla? ¡Oh, lastimoso estado! ¡Oh, seno inmundo, más negro que la muerte! ¡Alma enligada, que cuanto más te afanas por librarte te enligas más! ¡Por favor, por dios! ¡Dóblense, rebeldes piernas, y hazte blando como los nervios del recién nacido, corazón, más duro que el acero! Aun puede hacer remedio para todo…[1]».

El rey se arrodilló para continuar en su meditaciones, y como si fuera cita divina, ese lugar y ese momento, tan pronto sus rodillas tocaron el suelo frío y sus ojos en oscuridad quedaron, comenzaron a oírse en el pasillo pasos, que se detuvieron a la entrada del lugar, era Hamlet, y se detuvo al verlo vulnerable, el rey estaba en paz, y a la vez temblando, le pareció que dios jugaba irónico con su destino. Tal vez esto era lo mejor, que Hamlet tomara su vida como pago por la de su padre, que Hamlet tomará el reino y que liberara a la hermosa reina de estar con el monstruo que a su primer esposo asesinó. Sonrió, con una extraña mezcla de miedo y paz, y justo cuando había aceptado su final, los pasos continuaron, Hamlet fue al dormitorio de su madre para sostener la conversión que Polonio había anunciado. El cielo decidió que el asesino seguiría con vida.



[1] Monologo de arrepentimiento del rey Claudio. Hamlet de Shakespeare.

sábado, 16 de agosto de 2025

La visión del rey IV

La visión del rey III


Los comediantes llegaron al amanecer y Hamlet, aunque falto de cordura se mostró más alegre que otros días, la reina y el rey estaban contentos de sus deseos de presentar una historia, tal vez todo lo que necesitaba era soltar entre cómicos y risas un poco del lastre que le mantenía el espíritu en tan vil melancolía.

La presentación tuvo lugar en un gran salón real esa misma noche, muchos de los nobles del reino fueron invitados, la reina, tal vez por la alegría de que Hamlet mostrara mejoría, estaba tan bella como hacía mucho tiempo no lo estaba, el rey estaba expectante, el príncipe creció entre libros y poetas, vio muchas obras y se preguntaba si mostraría algo nuevo o alguna de su predilectas, si había vuelto a poner los pies en la tierra o si había pedido a los cómicos presentaran alguna función sin valor, como quiera, había invitado a los nobles, para que Hamlet viera, si le quedaba un poco de cordura, que su voz sería escuchada, y todos le daban valor.

Para su sorpresa, la obra no carecía de sentido, pero fue peor, tuvo una naturaleza oscura, que no hacía sino señalar de asunto supuestamente olvidado, se presentó la muerte de Gonzago, pero con modificación de diálogos y acciones agregados abrumadoramente exactos, los personajes principales, se convirtieron en reyes, y siendo el rey y la reina enamorados, durante un paseo por el jardín, la reina se va para que el rey pueda descansar y este se queda dormido a la izquierda del roble, otro personaje entra en escena y vierte veneno en su oído. Al rey le pareció un apuesta impropia con el luto del antiguo rey aún en el corazón de Dinamarca, miró a Hamlet, que tenía la mirada clavada en su rostro, una mirada penetrante, una mirada no de loco ni desconcertada, sino desafiante. El rey detuvo la obra, se disculpó con los presentes y se retiró con la reina.


La visión del rey V

domingo, 10 de agosto de 2025

La visión del rey III

La visión del rey II 


Al amanecer del día siguiente a la boda algo había cambiado en Hamlet, se notaba visiblemente perturbado, su actuar era errático y su hablar, a pesar de ser fluido, no era del todo claro, muchas oraciones eran carentes de realidad, como si su pensamiento, de la noche a la mañana, hubiera viajado a un mundo ajeno al que habitaba el resto del reino.

Tras algunos días de infructuosos intentos de la reina, el rey y Polonio de encontrar el motivo de la curiosa actitud del príncipe, llamaron de Alemania a quiénes allá, durante su estudio, fueron sus amigos. Llegaron a la brevedad y se mostraron dispuestos a ayudar a descubrir aquello que pesaba en el alma del príncipe y amigo.

Polonio dio noticia al rey de que los embajadores enviados a Noruega habían regresado con ánimo alegre y buenas nuevas del monarca extranjero, la diplomática relación entre los reinos parecía rendiría frutos. Además, compartió noticias sobre lo que él sospechaba, era el motivo de la locura última de Hamlet, que se pensaba era el luto de su padre y la pronta boda de su madre, comentó que puede que la causa no fuera otra sino la causa más antigua de todas las locuras, la inferencia ante su amor ardiente. Comunicó a los reyes, como el príncipe había pasado tiempo basto desde su regresó al reino con su hija Ofelia, y que días atrás, corroborando su sospecha, habló con ella, que le compartió como durante esas horas de compañía el príncipe le había expresado admiraciones miles, e incluso, obediente le entrego una carta de las bastas que el príncipe le había entregado:

«duda del sol radiante, del rayo y de su fulgor, duda de fe constante, pero nunca de mi amor. ¡Querida Ofelia! Mala maña tengo de hacer estos versos: no poseo el arte de medir mis quejidos; pero creo que te amo más que a nadie, tú, ¡la más digna de ser amada! Tuyo siempre, Hamlet»[1].

Polonio explicó que le hizo ver a Ofelia que la cuna de Hamlet era de posición superior a la suya, y que no debía ni pasaría jamás unión en ellos, por tanto, no debía admitir halagos ni recuerdos. Tras la escucha del consejo de Ofelia, y su resistencia a Hamlet, este sucumbió, en suma, con las otras situaciones en su vida, a la pena y la locura.

Concretaron pues coordinar un encuentro “casual” entre Ofelia y Hamlet en la galería, para desde un escondite, presenciar tal.

Al anochecer fueron a presencia del rey los dos amigos, confirmando que se comportaba muy extraño el príncipe, pero no habiendo descubierto el motivo que causaba su trastorno. Informaron que deseoso estaba de coordinar una presentación con una compañía de comediantes.

Después, escondidos durante el encuentro dicho, Hamlet mostróse indiferente ante la bella Ofelia, descartando así la congoja del amor como perturbación del alma.



[1] Cita de la obra (Hamlet de Shakespeare).


La visión del rey II

La visión del rey I


 Claudio se encontraba en el altar, esperaba nervioso la llegada de la reina, seguía preguntándose si aquello era correcto, si tomar la mano de la reina viuda no era premiar su capital pecado de darle muerte al rey y hermano, si de verdad era el fin justificante de los medios, si de verdad estaba haciendo un bien al reino. Su mente era un constante ir y venir de pensamientos intrusivos que, de hecho, no servían ya de nada, la culpa era una ingrata inútil pues sin importar cuánto pudiera arrepentirse, no cambiaría el pasado, todo lo que estaba hecho, hecho estaba.

Pero resulta que dios es algo caprichoso, las trompetas sonaron y Gertrudis entró en la iglesia del palacio, se veía tan hermosa como la más bella de las reinas del mundo, y recordó cuando entró, por primera vez a su primera boda, recordó como por un instante se imaginó a sí mismo, en el altar, esperando por ella, por un instante deseo que su hermano no existiera, deseo haber sido él el primogénito de la familia, y a pesar de los horrores de estar siempre en temas políticos, poder desposar a su amada… Ahora, era él quien la esperaba en el altar, y Gertrudis seguía siendo la mujer perfecta, cuando apareció su imagen todo pensamiento se puso en pausa, la felicidad y la plenitud le llenaron el alma, tal vez todo era parte de un plan divino más poderoso que ellos, tal vez ya estaba escrito que su destino era acompañarse por la eternidad, tal vez su primera infancia juntos, la confianza y cercanía que cosecharon cuando niños, no era cosa de la casualidad sino del destino. Tal vez dios vio cómo le guardó respeto y amor toda la vida y había movido sus hilos para que estuvieran juntos. Miraba a Gertrudis acercarse, un paso a la vez, al altar, y ya nada más importaba.

Había pasado poco más de un mes desde la muerte de su hermano, esperaba que, a pesar del luto, respetable y entendible, el príncipe Hamlet se mostrara un poco más amable, pero durante toda la celebración pareció molesto, y la sonrisa en su cara se notaba forzada, tampoco quiso elevar copa ni proponer brindis en honor del nuevo rey ni de la boda se madre, y su actitud fue la mínima de cortesía que ameritaba la educación de su posición en la nobleza. Después de marcharse los invitados, Hamlet renovó deseos de volver a sus estudios en Alemania, nuevamente, los reyes suplicaron su permanencia en el reino, cosa que tuvo que acatar como decreto, haciendo saber que era en consideración de su madre solo, y de ninguna manera por complacer al rey.

Laertes, hijo de Polonio, que había viajado para hacer presencia en la coronación de Claudio, también solicitó volver a sus estudios, en Francia, y tras consultar a su padre el rey le autorizó partida.

Su primer acto como rey fue enviar carta con real sello al monarca noruego, haciéndole saber que, con esta boda, siguiera en pie su trato de audiencias pasadas, y expresándole preocupación sustentada en alarmantes rumores sobre el actuar de su sobrino Fortimbrás, para que tomase medidas pertinentes en lo que ahora a él, le competía.


La visón del rey III