domingo, 2 de noviembre de 2025
El dos de noviembre cayó en domingo
viernes, 17 de octubre de 2025
the perfect light...
miércoles, 1 de octubre de 2025
no se me culpe.
domingo, 17 de agosto de 2025
La visión del rey V
Polonio
llegó más tarde a una capilla del palacio que se encontraba cerca de los
aposentos del rey, donde este último se encontraba, dio la noticia de haber
citado a Hamlet a su dormitorio para que hablase con su reina y madre, quien, a
pesar de ser testigo de la insana cordura del príncipe, por su cariño no podría
del todo tener objetivo oído, siendo menester que el mismo como consejero, se
ocultase para la conversación escuchar y dar reporte luego. Estuvo de acuerdo
el rey, y cuando Polonio se marchó y el rey comenzó a pensar, pudiera ser que en
ese lugar sagrado, verdaderamente se encontrase más cerca de dios y del cielo, pues
tan pronto se quedó solo, séase por el sitio, por el espectáculo desagradable
que con dedo vil el príncipe le apunta sin filtros como el asesino del rey
pasado, o por su conciencia culposa que cada vez gritaba más fuerte en sus
adentros, que comenzó entre pensamientos internos y oración: «Es mi delito
atroz, y su rancio hedor al cielo eleva; lleva consigo la primera maldición, la
más grande: la muerte de un hermano. No puedo orar, aunque mi alma toda el rezo
aclame: más que mi voluntad resulta y firme puede mi enorme crimen; soy como el
hombre que en dos negocios piensa: dudo con cual empezar, y ambos descuido. Y
aunque en sangre hermana bañado hubiese mi maldita diestra mil y mil veces
¿lluvia no hay bastante que en ese cielo justo y bondadoso que pueda volverla
blanca cual nieve? Inútil fuera la merced, si osada el crimen no afrontase,
vano el rezo, si no tuviese en sí la doble fuerza de precaver el crimen
meditado, de perdonar la culpa cometida. Recemos, pues; mi crimen ya está
hecho. Mas ¿en qué forma de oración valerme? «¿Perdóneme el aleve asesinato?»
No puede ser: las prendas incentivas del horrendo crimen todavía conservo: mi
cetro, mi ambición, mi esposa y reina. ¿Podrá lograr perdón quien aún ofende?
En el perverso mundo la dorada mano del criminal cada vez consigue hacer que
retroceda la justicia; y vese que a menudo al infame oro la ley cede; mas nunca
allá en el cielo. No sirve de nada allí la astucia; claro, el crimen parece tal cual
es, y frente a frente salen a condenarnos nuestras faltas. ¿Qué queda, pues,
por hacer? ¿Arrepentirme? ¡Qué no podrá la contrición sincera! Mas ¿qué podrá
el alma que no se humilla? ¡Oh, lastimoso estado! ¡Oh, seno inmundo, más negro
que la muerte! ¡Alma enligada, que cuanto más te afanas por librarte te enligas
más! ¡Por favor, por dios! ¡Dóblense, rebeldes piernas, y hazte blando como los
nervios del recién nacido, corazón, más duro que el acero! Aun puede hacer
remedio para todo…[1]».
El rey se
arrodilló para continuar en su meditaciones, y como si fuera cita divina, ese
lugar y ese momento, tan pronto sus rodillas tocaron el suelo frío y sus ojos
en oscuridad quedaron, comenzaron a oírse en el pasillo pasos, que se
detuvieron a la entrada del lugar, era Hamlet, y se detuvo al verlo vulnerable,
el rey estaba en paz, y a la vez temblando, le pareció que dios jugaba irónico con su destino. Tal vez esto era lo mejor, que Hamlet tomara su vida
como pago por la de su padre, que Hamlet tomará el reino y que liberara a la
hermosa reina de estar con el monstruo que a su primer esposo asesinó. Sonrió,
con una extraña mezcla de miedo y paz, y justo cuando había aceptado su final,
los pasos continuaron, Hamlet fue al dormitorio de su madre para sostener la
conversión que Polonio había anunciado. El cielo decidió que el asesino
seguiría con vida.
sábado, 16 de agosto de 2025
La visión del rey IV
Los
comediantes llegaron al amanecer y Hamlet, aunque falto de cordura se mostró
más alegre que otros días, la reina y el rey estaban contentos de sus deseos de
presentar una historia, tal vez todo lo que necesitaba era soltar entre cómicos
y risas un poco del lastre que le mantenía el espíritu en tan vil melancolía.
La
presentación tuvo lugar en un gran salón real esa misma noche, muchos de los
nobles del reino fueron invitados, la reina, tal vez por la alegría de que Hamlet
mostrara mejoría, estaba tan bella como hacía mucho tiempo no lo estaba, el rey
estaba expectante, el príncipe creció entre libros y poetas, vio muchas obras y
se preguntaba si mostraría algo nuevo o alguna de su predilectas, si había
vuelto a poner los pies en la tierra o si había pedido a los cómicos presentaran
alguna función sin valor, como quiera, había invitado a los nobles, para que
Hamlet viera, si le quedaba un poco de cordura, que su voz sería escuchada, y
todos le daban valor.
Para su sorpresa,
la obra no carecía de sentido, pero fue peor, tuvo una naturaleza oscura, que
no hacía sino señalar de asunto supuestamente olvidado, se presentó la muerte
de Gonzago, pero con modificación de diálogos y acciones agregados
abrumadoramente exactos, los personajes principales, se convirtieron en reyes,
y siendo el rey y la reina enamorados, durante un paseo por el jardín, la reina
se va para que el rey pueda descansar y este se queda dormido a la izquierda
del roble, otro personaje entra en escena y vierte veneno en su oído. Al rey le
pareció un apuesta impropia con el luto del antiguo rey aún en el corazón de Dinamarca,
miró a Hamlet, que tenía la mirada clavada en su rostro, una mirada penetrante,
una mirada no de loco ni desconcertada, sino desafiante. El rey detuvo la obra,
se disculpó con los presentes y se retiró con la reina.
domingo, 10 de agosto de 2025
La visión del rey III
Al amanecer del día siguiente a la boda algo había cambiado en Hamlet, se notaba visiblemente perturbado, su actuar era errático y su hablar, a pesar de ser fluido, no era del todo claro, muchas oraciones eran carentes de realidad, como si su pensamiento, de la noche a la mañana, hubiera viajado a un mundo ajeno al que habitaba el resto del reino.
Tras
algunos días de infructuosos intentos de la reina, el rey y Polonio de encontrar
el motivo de la curiosa actitud del príncipe, llamaron de Alemania a quiénes
allá, durante su estudio, fueron sus amigos. Llegaron a la brevedad y se
mostraron dispuestos a ayudar a descubrir aquello que pesaba en el alma del príncipe
y amigo.
Polonio
dio noticia al rey de que los embajadores enviados a Noruega habían regresado
con ánimo alegre y buenas nuevas del monarca extranjero, la diplomática relación
entre los reinos parecía rendiría frutos. Además, compartió noticias sobre lo
que él sospechaba, era el motivo de la locura última de Hamlet, que se pensaba
era el luto de su padre y la pronta boda de su madre, comentó que puede que la causa
no fuera otra sino la causa más antigua de todas las locuras, la inferencia
ante su amor ardiente. Comunicó a los reyes, como el príncipe había pasado tiempo
basto desde su regresó al reino con su hija Ofelia, y que días atrás, corroborando
su sospecha, habló con ella, que le compartió como durante esas horas de compañía
el príncipe le había expresado admiraciones miles, e incluso, obediente le
entrego una carta de las bastas que el príncipe le había entregado:
«duda del
sol radiante, del rayo y de su fulgor, duda de fe constante, pero nunca de mi
amor. ¡Querida Ofelia! Mala maña tengo de hacer estos versos: no poseo el arte
de medir mis quejidos; pero creo que te amo más que a nadie, tú, ¡la más digna
de ser amada! Tuyo siempre, Hamlet»[1].
Polonio explicó
que le hizo ver a Ofelia que la cuna de Hamlet era de posición superior a la
suya, y que no debía ni pasaría jamás unión en ellos, por tanto, no debía
admitir halagos ni recuerdos. Tras la escucha del consejo de Ofelia, y su
resistencia a Hamlet, este sucumbió, en suma, con las otras situaciones en su
vida, a la pena y la locura.
Concretaron
pues coordinar un encuentro “casual” entre Ofelia y Hamlet en la galería, para desde
un escondite, presenciar tal.
Al
anochecer fueron a presencia del rey los dos amigos, confirmando que se comportaba
muy extraño el príncipe, pero no habiendo descubierto el motivo que causaba su
trastorno. Informaron que deseoso estaba de coordinar una presentación con una compañía
de comediantes.
Después,
escondidos durante el encuentro dicho, Hamlet mostróse indiferente ante la bella
Ofelia, descartando así la congoja del amor como perturbación del alma.
La visión del rey II
Claudio se encontraba en el altar, esperaba nervioso la llegada de la reina, seguía preguntándose si aquello era correcto, si tomar la mano de la reina viuda no era premiar su capital pecado de darle muerte al rey y hermano, si de verdad era el fin justificante de los medios, si de verdad estaba haciendo un bien al reino. Su mente era un constante ir y venir de pensamientos intrusivos que, de hecho, no servían ya de nada, la culpa era una ingrata inútil pues sin importar cuánto pudiera arrepentirse, no cambiaría el pasado, todo lo que estaba hecho, hecho estaba.
Pero
resulta que dios es algo caprichoso, las trompetas sonaron y Gertrudis entró en
la iglesia del palacio, se veía tan hermosa como la más bella de las reinas del
mundo, y recordó cuando entró, por primera vez a su primera boda, recordó como
por un instante se imaginó a sí mismo, en el altar, esperando por ella, por un
instante deseo que su hermano no existiera, deseo haber sido él el primogénito
de la familia, y a pesar de los horrores de estar siempre en temas políticos,
poder desposar a su amada… Ahora, era él quien la esperaba en el altar, y Gertrudis
seguía siendo la mujer perfecta, cuando apareció su imagen todo pensamiento se
puso en pausa, la felicidad y la plenitud le llenaron el alma, tal vez todo era
parte de un plan divino más poderoso que ellos, tal vez ya estaba escrito que su
destino era acompañarse por la eternidad, tal vez su primera infancia juntos, la
confianza y cercanía que cosecharon cuando niños, no era cosa de la casualidad
sino del destino. Tal vez dios vio cómo le guardó respeto y amor toda la vida y
había movido sus hilos para que estuvieran juntos. Miraba a Gertrudis acercarse,
un paso a la vez, al altar, y ya nada más importaba.
Había
pasado poco más de un mes desde la muerte de su hermano, esperaba que, a pesar
del luto, respetable y entendible, el príncipe Hamlet se mostrara un poco más
amable, pero durante toda la celebración pareció molesto, y la sonrisa en su
cara se notaba forzada, tampoco quiso elevar copa ni proponer brindis en honor
del nuevo rey ni de la boda se madre, y su actitud fue la mínima de cortesía
que ameritaba la educación de su posición en la nobleza. Después de marcharse
los invitados, Hamlet renovó deseos de volver a sus estudios en Alemania, nuevamente,
los reyes suplicaron su permanencia en el reino, cosa que tuvo que acatar como
decreto, haciendo saber que era en consideración de su madre solo, y de ninguna
manera por complacer al rey.
Laertes,
hijo de Polonio, que había viajado para hacer presencia en la coronación de
Claudio, también solicitó volver a sus estudios, en Francia, y tras consultar a
su padre el rey le autorizó partida.
Su primer
acto como rey fue enviar carta con real sello al monarca noruego, haciéndole saber
que, con esta boda, siguiera en pie su trato de audiencias pasadas, y expresándole
preocupación sustentada en alarmantes rumores sobre el actuar de su sobrino Fortimbrás,
para que tomase medidas pertinentes en lo que ahora a él, le competía.