domingo, 24 de noviembre de 2019

Bukowski y la ensalada

Estaba yo comiéndome una ensalada en uno de esos lugares de moda veganos, era mediodía. No soy un chico saludable (aunque si algún día me ves caminando por la calle, fingiendo estudiar en la facultad de ingeniaría, jugando a ser pintor en la facultad de artes, fumando mariguana en la facultad de filosofía o comiendo una ensalada en uno de esos lugares de moda para veganos puedes sentirte completamente libre de saludarme, puede que terminemos caminando juntos, te ponga un casco, manche de pintura tu camisa, te comparta de mi marihuana, te invite una ensalada, te devuelva el saludo o simplemente te ignore). De hecho, es un hecho también que la ensalada no es mi comida favorita, incluso podría atreverme a afirmar que no es una comida en absoluto.

A veces recuerdo a esa chica que encuentro en el gimnasio (cuando voy, claramente a acompañar a algún amigo, no es todavía oficial, pero el ejercicio y yo somos enemigos, el uno siempre está evitando al otro, sin embargo, ambos estamos bien, existimos en lugares tan opuestos sin molestarnos, nunca hacemos planes para dañarnos entre nosotros) y le dice a sus amigos cuando van de salida ¡Oh, que hambre, vamos por una ensalada! ¿Una ensalada? ¿De verdad? Pocas veces en mi vida he hecho ejercicio, es una actividad que no pienso repetir, pero he tenido (más por obligación que por placer, algo así como acompañar a tu novia -suerte que no tengo una- a la boda de una amiga la misma noche que sale el final de temporada de tu serie favorita) y termino tan hambriento como para comerme un elefante con todo y piel, terminaría usando sus colmillos como palillos para limpiar mis dientes.
Entonces le miro y me pregunto ¿Se llenara realmente con una ensalada? En mi mente solo hay dos teorías, puede que en ese gimnasio ella no haga ejercicio, paga su suscripción y está inscrita mensualmente solo para ir a tomar selfies, sé lo que estás pensando, quien sería tan tonto en primera para pagar un gimnasio, lo sé, es ilógico, pagar por hacer ejercicio y dos, quien sería tan doblemente tonto para pagar un servicio que no va a utilizar. Bueno, sigo sin comprender lo primero, pero la mujer y su mente es muy distinta a la tuya y la mía, pagar un gimnasio para solo tomarse fotos y subirlas a redes sociales es altamente lógico, no defiendo pagar servicios o productos que no vas a utilizar, pero recuerda tu fiesta de graduación de la preparatoria, compraste esos condones y no tuviste el valor (o la suerte) ni siquiera de sacar a bailar a una muchacha. O cuando en secundaria a las niñas tontas (todas la son en esa etapa, es su ventaja, nosotros lo somos de por vida, ¿será por eso que hay menor tasa de depresión en los varones?) les gustaban los musculosos y te compraste ese par de pesas que te salieron tan caras y siguen acumulando polvo bajo tu cama. En resumen, no creo que esa ensalada la llene.

Leyendo lo que hasta ahora he escrito, me parece que estoy desviándome un poco del tema.
Quería decir aquí (si es que te importa o lo gustas leer) el porque si no me gustan los vegetales me encuentro siempre a mediodía almorzando ensalada en algún establecimiento distinto.
Si hay algo que me gusta en medio de toda esta mierda que es el mundo es definitivamente la literatura, en una ocasión leí a Bukowski y cito: ¿Qué por que bebo? Porque ninguna buena historia comienza con un "estaba yo comiéndome una ensalada", leí mucho, todo breve, siempre inicios, muchos libros (sin tomarme la molestia de saber si eran buenos o no), muchos relatos, muchos cuentos, y ciertamente, ninguna historia (dejemos ahora si era buena o mala) comienza con "estaba yo comiéndome una ensalada".
Que si prefiero una cantina y un tequila, claro que sí, me gusta tanto el tequila que si hubiese nacido en otro lugar igual sería de Jalisco en mi corazón. Pero en mi corazón también duerme un investigador. El buen Charles dio una hipótesis, y sería yo quien la iba a confirmar, o en todo caso a refutar. mi muestra ha sido larga, llevo 5 meses almorzando esta porquería que los vegetarianos llaman alimento; dios como a la mujer, creo a las vacas para ser comidas, ¡carajo! Pero yo no juzgo, ya dios cuando se mueran les dirá: porque no evaluamos las acciones de tu vida acompañados de una buena torta ahogada y no sabrán que responder. Entonces los mandará al infierno donde (Dante no lo lo escribió porque tenía detalles más significativos que narrar) hay un circulo reservado para todos aquellos que fingían no comer carne para preservar la vida, ignorando cómodamente que las plantas también son seres, más indefensos que los animales, incluso.

En un par de semanas terminaría con seis meses de rigurosa experimentación. Pero hace unos días sucedió, justo cuando estaba yo comiéndome una ensalada que ella entró, la chica del gimnasio.
Con su pequeña cintura que te hacen querer comer a ella mil veces más que la patética ensalada que tienes en la mesa.
-Hola digo ella -en su voz existía la armonía de lo ángeles, tan absorto en su belleza estaba, tan confundido por el que me haya hablado que no supe que responder. En lugar de irse agregó: -eres amigo de Memo, ¿no? -claro, uno lo amigos a los que suelo acompañar al gimnasio nos había presentado. Una chica tan linda como ella, la verdad es que sorprende se haya acordado de que existo. Pero lo hizo, y estoy feliz. -Sí, somos amigos -en una jugada arriesgada extendí la mano y dije: -me acompañas a comer.
-Sí. -Respondió...

Foto de Instagram: ari_maj

Si la historia es buena o mala tú lo has de decidir, pero yo puedo decir que mi querido Charles estaba equivocado.

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